LOS NO AMADOS
Qué soledad
del cuerpo; qué soledad del alma;
qué vacío
en los ojos; qué vacío en la sangre.
Nadie escucha
su pena ni su cálido aliento,
rosa
ardiente en el aire.
Sus bocas
para el beso, rojas de amor se abren;
sus
frentes buscan manos, amorosas caricias
de algún
cielo distante.
Sus manos
alzan dulces, llenas de sombra,
amantes;
las
levantan temblando como tristes fantasmas,
amarillas
de amor, rosas muertas, al aire;
rosas
ciegas que buscan a través de su noche
la luz
rosada y grande.
Alto vuelo
de angustia, alta torre de sangre
levantan
estos hombres hacia un cielo impasible
donde no
habita nadie.
Rafael
Morales
31 de
julio de 1919
Talavera
de la Reina (Toledo)
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