POR TIERRAS DE
ESPAÑA
El hombre
de estos campos que incendia los pinares
y su
despojo aguarda como botín de guerra,
antaño
hubo raído los negros encinares,
talado
los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a
sus pobres hijos huyendo de sus lares:
la
tempestad llevarse los limos de la tierra
por los
sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos
malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo
de una estirpe de rudos caminantes,
pastores
que conducen sus hordas de merinos
a
Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que
mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil,
sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos,
recelosos, movibles; y trazadas
cual arco
de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos
salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el
hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de
insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo
el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava
de los siete pecados capitales.
Los ojos
siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su
presa y llora la que el vecino alcanza:
ni para
su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren
y acongojan fortuna y malandanza.
El numen
de estos campos es sanguinario y fiero:
al
declinar la tarde,, sobre el remoto alcor,
veréis
agigantarse la forma de un arquero,
la forma
de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras
bélicas y páramos de asceta
¿no fue por
estos campos el bíblico jardín?:
son
tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde
cruza errante la sombra de Caín.
Antonio
Machado
26 de
julio de 1875
Sevilla
Cuadro de Julien Dupre

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