CONFUSIÓN
Ahora empezarás, mi
vida,
a no dejarme vivir.
A que los días y sus
noches sólo sean
el ahogo feroz de tu
encuentro.
De tu incorporación a
mí,
de tu revestimiento
de mí.
A que mi sangre no
sepa detenerse sola,
y se arroje a la
tuya, a ti,
con la furiosa alegría
de amarte,
del éxtasis de
saberse tuya;
y de la angustia,
del tremendo milagro
oscuro
¡que es pertenecerte!
Ahora sí; ahora.
Cuando no me busca
nadie, no yo busco.
Porque tu voz llena
de altos ecos la tierra,
y tu olor los
jardines más sombríos,
y de tu pecho caen
las campanas de mis deseos
de ti, de mí que por
ti me recobro
y aprendo, vida mía,
alma mía, amor,
que es verdad que soy
de carne,
que es verdad que
duelo,
y gozo, y sufro, y
grito porque soy tuya.
¡Momento agotado del
mundo,
éste en que te sé
lejos de mí!
Apúralo todo, regresa
a nuestro abismo
y déjame en ti
sumida,
fuerza que se te dio
sin lágrimas
de rebeldía; aunque
con llanto de violencia
por verse tuya,
yo que no era de
nadie,
¡ni siquiera mías
nunca!,
esclava tuya,
entregada tuya, amante.
Carmen Conde
15 de agosto de 1907
Cartagena (Murcia)

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