EL REO DE MUERTE
Al eminente actor D. José Valero
…Esa noche, ardiendo
el pueblo
de animación y
entusiasmo
bajo el influjo
sublime
de tu genio soberano,
todo era bravos y
dianas,
todo era vivas y
aplausos,
todo cariño en los
ojos
todo cariño en los
labios,
y todo flores,
laureles,
admiración y…
entretanto,
allá muy lejos, muy
lejos,
sonando lento y
pausado,
se alzaba entre las
tinieblas
y entre el silencio
un cadalso,
sin otro eco que el
latido
del pecho del
condenado
que en diálogo con la
muerte
velaba en un subterráneo.
Aquel cadalso se
alzaba
cada vez más y más
alto,
como un espectro,
sombrío
como un vampiro,
callado,
como una tumba
implacable,
y como un monstruo,
inhumano;
se alzaba y, sin que
ninguno
oyera aquel ruido
amargo,
por los sollozos de
un hombre
solamente acompañado.
La humanidad
impasible
bajo su mudo letargo,
miraba crecer y
alzarse
las formas de aquel cadalso,
cuando tú, tú que
escuchaste
sus ecos tristes y
vagos
te levantaste por
ella
con la voz del
entusiasmo,
y en presencia de
aquel pueblo
y enfrente de aquel
tablado
ceñida con tus
laureles
la hiciste hablar por
tus labios,
salvando al sol de
aquel día
del rubor de aquel
cadalso.
****
Yo no sé si ya habrá
muerto
aquel que es su desamparo,
y aún más que unos
pocos días
y aún más que unos
pocos años
pudo gozar la dulzura
de ver a su hijo en
los brazos,
libre del infame nombre
de hijo del
ajusticiado;
pero yo que desde
niño
aprendí lleno de
espanto
a aborrecer los
verdugos
y a maldecir los
cadalsos,
dejo a la gloria que
entone
para ensalzarte su
canto,
y del condenado a
muerte
bajo los recuerdos
gratos,
en nombre suyo, las
gracias
de la humanidad te
mando.
Manuel Acuña Narro
27 de agosto de l849
Saltillo

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