HUÉSPED SIN SOMBRA
Nada deja mi paso por
la tierra.
En el momento del
Callado viaje
he de llevar lo que
al nacer me traje;
el rostro en paz y el
corazón en guerra.
Ninguna voz repetirá
la mía
de nostálgico ardor y
fiel asombro.
La voz estremecida
con que nombro
el mar, la rosa, la
melancolía.
No volverán mis ojos
renacidos
de la noche a la vida
siempre ilesa,
a beber como un vino
la belleza
de los mágicos cielos
encendidos.
Esa sangre sedienta
de hermosura
por otras venas no
será cobrada.
No habrá manos que
tomen, de pasada,
la viva antorcha que
en mis manos dura.
Ni frente que mi
sueño mutilado
recoja y cumpla
victoriosamente.
Conjuga mi existir
tiempo presente
sin futuro después de
su pasado.
Término de mí misma,
me rodeo
con el anillo cegador
del canto.
Vana marea de pasión
y llanto
en mi naufraga cuanto
miro y creo.
A nadie doy mi
soledad. Conmigo
vuelve a la orilla
del pavor, ignota.
Mido en silencio la
final derrota.
Tiemblo del día. Pero
no lo digo.
Meira Delmar
21 de agosto de 1922
Barranquilla –
Colombia

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