SI UNA ESPINA ME HIERE, ME
APARTO DE LA ESPINA…
¡Si una espina me
hiere, me aparto de la espina,
…pero no la
aborrezco!
Cuando la mezquindad
envidiosa en mi clava
los dardos de su inquina,
esquívase en silencio
mi planta, y se encamina
hacia más puro
ambiente de amor y caridad.
¿Rencores? ¡De qué
sirven! ¡Qué logran los rencores!
Ni restañan heridas,
ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas
tiempo para dar flores,
y no prodiga savias
en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo
cerca de mi rosal,
se llevará las rosas
de más sutil esencia;
y si nota en ellas
algún rojo vivaz,
¡será el de aquella
sangre que su malevolencia
de ayer, vertió, al
herirme con encono y violencia,
y que el rosal
devuelve, trocada en flor de paz!
Amado Nervo
27 de agosto de 1870
Tepic – México

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