jueves, 13 de mayo de 2021

EL PRINCIPIO

 Poema dedicado al medio ambiente, la naturaleza...



EL PRINCIPIO

 

 

El silbo del árbol apacigua la noche,

con el cimbreo engatusa las tórridas tardes de julio,

apunta vértices a lo etéreo,

sobrevuela los tejados,

se entrelaza con las ramas vecinas abriendo caminos,

aportando el frescor a las almas.

 

Mas una mañana le visita el acero

y de un sesgo se cae con todo el peso de una era,

ya no sombrea el prado,

ya no acompaña el silbido en la noche,

la luz y el fuego se enardecen en la sien

el pájaro ya no aposenta el nido

y el agua rescinde su caudal.

 

Así, el amor se desgarra

cuando acude la crueldad de la indeferencia

extendiéndose en la almohada

rompiendo la mesura, entre aquellos

que como el acero quebrantan la paz.

O aquellos que con los tambores

golpean sones de contienda

extendiendo el odio entre la muchedumbre,

alejando padres de hijos,

atravesando los límites de la cordura,

así el paisaje se ennegrece carbonizando el aire que respiramos.

 

No dejemos de alzar el canto

en pos de la belleza y la caricia al entorno,

el juego del agua entre la piel y la tierra

y las manos moldeando surcos

fluyendo el agua de los frutos.

Sin desistir en la lucha,

abanderando la dignidad ante el ocaso y lo adverso,

manteniendo la fluidez en la osadía del tiempo,

el color vuelve a enriquecer la campiña tras la ventana.

 

Igual que la primavera exalta nuestra savia

despertando otro amanecer pletórico,

ensalzando nuevos encuentros,

incitando a la lucha por el pan;

el silbido del viento susurrando distintas melodías,

el árbol, los arroyos, el gorjeo de las aves,

desean la pureza en la tierra.

 

Gloria Gómez

Abril 2021

jueves, 15 de abril de 2021

ESTARÁS EN EL RECUERDO


ESTARÁS EN EL RECUERDO

 

A Sergio Lidid Céspedes

 

Estarás en el recuerdo

cada vez que alguien piense en don Alonso

como el enamorado eterno de su propia Dulcinea,

cada vez que alguien suba al tren

que  lleva el recorrido cervantino suscitando la sonrisa

al elevar la palabra en forma de lanza

a los poderosos

en forma de molino

buscando ecuanimidad entre correligionarios

de diferentes mesetas.

Estarás en el recuerdo

al pronunciar esos versos lanzados al espacio

rescatando una pequeña alegría a la mansedumbre

en sus monótonas horas

mediando entre la necedad y la cordura

sin saber si el próximo amanecer el pan llegará a la mesa.

Estarás en el recuerdo entre versos alocados y tarimas de coliseo entremezclando albores de la estepa

y desvelos al silbo de araucaria

extendiendo haces de otro hemisferio

en el fondo del océano al brindar por incertidumbres

al desconsuelo de los aplastados en el fango

o los osados a romper la barrera del tirano.

Algunos te recordaremos disfrazado

engalanando la sencillez de un pueblo a la deriva

buscando la ternura en la sublimación de esa mirada

trayendo la serenidad de una sabiduría

albergada en el correr del tiempo

entre la adversidad de lejanos continentes.

Recordaremos los versos alocados de Margarita

y la solemnidad del poeta al otro lado del océano,

la placidez de tus palabras

en una tarde de abril dilucidando futuros

sobre urnas de cristal avecinando sombras,

el aplauso reconocido

de tertulias en las calles las tardes de verano,

el saber incógnito de una armadura

evocando el adalid caballero

encarnando el eterno enamorado de la belleza,

desprendiendo la sonrisa perdida entre avatares humildes,

sosegando el tiempo en la serenidad de tu voz.

 

Gloria Gómez

Abril 2021

domingo, 11 de abril de 2021

¡QUÉ PENA!



¡QUÉ PENA!

¿Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!

¡Qué pena si esta vida nuestra tuviera
-esta vida nuestra-
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!

¿Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

 

León Felipe

jueves, 8 de abril de 2021

AMOR AMOR

Recordando a Gabriela Mistral en su aniversario



 AMOR AMOR

 

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,

late vivo en el sol y se prende al pinar.

No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:

¡le tendrás que escuchar!

 

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,

ruegos tímidos, imperativos de mar.

No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:

¡lo tendrás que hospedar!

 

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.

Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.

No te vale decirle que albergado rehúsas:

¡lo tendrás que hospedar!

 

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,

argumentos da sabio, pero en voz de mujer.

Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:

¡le tendrás que creer!

 

Te echa venda de lino; tú la venda toleras.

Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.

Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras

¡que eso para en morir!

 

Gabriela Mistral

 

jueves, 1 de abril de 2021

UN AÑO SIN TUS ABRAZOS

 

UN AÑO SIN TUS ABRAZOS

 

Vuelve el verdor a los valles, como hace un año,

y parece que fue esta mañana, la última despedida,

el almendro vuelve a dar su fruto,

igual que hace un año en medio del holocausto,

tus besos se fueron tras la ventana,

aún sin regreso

como si fuera ayer,

como si solo hubieran pasado unas horas.

 

El agua del río fluye, como si nada,

acaricia otras flores,

la corriente adormece la noche como ayer

cuando adormecía entre tus brazos el tiempo que se fue.

 

La sombra sigue cubriendo las almas

y no parece que hayan pasado largas horas,

se fueron algunas sonrisas

diluidas en el viento alejando el eco de la sutil entraña,

los adioses se disiparon tras el manto del temor,

y el reloj sigue marcando los minutos

como cada noche sin tu aroma.

 

Todo parece igual,

mas el vecino ya no baja la escalera,

el abuelo no parte el pan,

el compañero se llevó la última sonrisa,

la madre ya no acuna su regazo,

el amigo no acoge en la desdicha,

el aula sin maestro,

el cartero desaparece en el camino,

el compadre no baila con la novia,

y todo parece que no pasó.

 

Bailábamos todos, reíamos todos,

las pieles se tocaban sin resquemor,

sin apreciar el valor, el peso de la vida cayó

como un rayo magnicida sobre la frente,

la tierra tembló y no por un terremoto,

aún acoge réplicas,

aún seguimos añorando el ayer,

aún arrastramos lodo en la mirada,

resquebrajamos la dignidad del entorno,

y las pequeñas cosas que alientan nuestra espalda.

 

Seguimos sin apreciar la suma del encuentro,

como ayer,

seguimos clavando espinas en el extraño,

como ayer vacilábamos entre extender la mano al náufrago

o soltar amarras al doblar la esquina.

 

Al principio el temor aunaba entre contrarios,

las palmas se extendían haciendo estruendo,

la luz parecía abrir armonías tras la puerta,

el deseo imponía el reparto de cordialidad

a encontrarse de nuevo estrechando distancias,

la esperanza cubría la desnudez,

mas el ímpetu se volatiliza al paso de las estaciones

y al igual que ayer el árbol vuelve a dar fruto,

las aguas siguen su curso,

el monte otea los valles,

los campos humedecen la sombra,

y el valor a la libertad vuelve a enturbiar los caminos.

 

Tus abrazos aún sin regreso,

siguen velados tras la máscara marcando el límite,

como si hubieran pasado lustros,

a veces segundos,

a veces un abismo y otras sin medida

como estaban ayer, tras otra máscara

marcando otros límites.

 

Gloria Gómez Candanedo

Cuadro: La siesta de Picasso por Carlos Fernández

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

PAN CON CHOCOLATE

 

PAN CON CHOCOLATE

 

El romper del agua en las piedras

fluye el sabor de aquel corrusco de pan

al salir de clase,

las manos de tinta

queriendo descubrir horizontes

lejanos a la verja,

el vestido de inocencia

trastabillando alrededor de los juegos de infancia

rebrotan en la retina.

Mientras las manos sostienen el trigo,

sueños azoran en la ilusión

de un mañana prometedor

pero sin dejar el rosal,

un camino de aventuras sin olvidar la simiente

y una casita en el ecuador de la templanza y la pujanza

sostendría el eje del amor.

El paso del tiempo

se llevó la dulzura tendida sobre el mantel

y una lágrima sin querer

despierta otros signos acompañando éstas páginas

donde pongo la rúbrica de una odisea

grabada en el pergamino de la distancia.

Ningún sueño de aquellos se hizo realidad,

otros nombres y otras almas

recorren el camino en el abrir los días a mi ventana,

y desde la distancia del tiempo

la evocación se adueña del sosiego.  

Al andar el camino vi guerras distintas

al libro de aventuras,

los pétalos tras la huída marchitaban

y las espinas dejaban herida en la piel,

al ver hombres sin machete dañando vestigios de libertad,

el hambre recorriendo las calles,

gente durmiendo a la intemperie,

la soledad enquistada en la vejez

y el pavor de una mujer huyendo de su malhechor.    

Más, otras vidas recuerdan los mismos ojos

y las mismas manos que deletrean

cada grano de azúcar en mi almohada.

Otras meriendas en otra distancia

pero con la misma canción

me estremecen haciendo sentir la vida,

caligrafiando hojas nuevas en el eslabón,

uniendo cualquier concordancia

permaneciendo en la lámina de este verso.  

 

Gloria Gómez

jueves, 18 de junio de 2020

VOLVER A SALIR


VOLVER A SALIR

Pasan los días y pasa el tiempo
dejando la honda cicatriz,
la luz nos obliga a salir al encuentro
con almas ficticiamente amigas,
con roles que robaron tramos de nuestra vida
envenenando el sosiego,
rompiendo el eslabón de la concordia en nuestra tez.
Pasan los días abriendo de nuevo
un surco al caminar de frente,
porque mirar atrás ya no sirve,
atrás quedaron vestigios de duelo
y sueños incrustados en la alevosía de un caminar
dando bandazos creyendo transitar
un mundo fabuloso lleno de clamor.
El mundo corría como si no hubiera mañana,
aplastaba manos laboriosas,
trepidante a conseguir el más alto galardón
y el mismo mundo nos detuvo.
Ahora pasan los días y nos acostumbramos
a sobrevivir sin necesidad de la exuberancia
que solo deja un vacío en nuestra piel,
palabras huecas
que sólo destellan la sagaz soledad
bajo la intemperie invernal en el último rincón.
Pasan los días
y se va abriendo la cortina
para dejar el horizonte lúcido y limpio
como si hubiésemos tenido que cumplir condena
por el nefasto devenir de un mundo enloquecido
por conseguir el podio de nuestras miserias
vestidas de pundonor.
Pasan los días
y el temor a cruzar el zaguán nos deja desnudos
frente a la nueva acritud del vecino
elevando cantos a mezquindades absurdas
acogiéndose a viejos blasones,
quizá su objeto de supervivencia.
Nos hemos forjado en nuestro pequeño mundo
y no queremos volver de nuevo a la miseria
de tan encomiada vida,
tiembla el pulso ante una desfachatez
procurada en siglos de historia
haciendo el vestir cada día.
Desde la azotea o desde el ventanuco
vemos la colina luminosa como nunca,
el futuro esperando al otro lado del jardín,
más el miedo a flaquear es más fuerte.
Noventa y ocho días avalan el esfuerzo.
Tal vez hayamos aprendido, o no.

Gloria Gómez


martes, 9 de junio de 2020

SOLO SON MAYORES


SÓLO SON MAYORES

En su memoria guardan la sabiduría
cosechada durante lustros de lucha,
siglos en su espalda marcados
con la cuña regia de la estirpe.
Acunaron noches mesurando llantos hacia futuros,
fortificaron las vigas del valor en su seno abierto a la luz.
Sellaron con la rúbrica del deseo
en otros cuerpos
procurando el futuro entre cortinas de seda.
Acompañaron  las voces nuevas entre lirios
con el regalo de una fábula.

Algunos llevan tiempo viendo la vida
desde una ventana,
sus piernas flaquean ante tanta multitud aciaga,
su retina está cansada de haber perdido
el color del arco iris,
el único sonido, a veces,
viene de un pasillo sin final
al traerles un plato de austeridad.

Apartados de la vida por una cojera
o un mal augurio al no reconocer sus frutos,
un mal discernimiento les lleva a la oscuridad,
con todo un saber en su alma enraizado
en aquella planta
que nacía cada primavera,
un libro en el estante o la vianda mejor elaborada
emprendiendo una aventura.

Sus manos llevan los senderos recorridos
en cada arruga y no son viejas.
Su tez lleva marcados los besos y las lágrimas
de juventudes y senectudes entrecruzadas
y no es vieja.
Sus ojos guardan los recuerdos de otras guerras
y otros concilios en cada línea.

Sufren la desidia del abandono y están idos.
Parecen trastos inservibles
y permanecen solitarios en un rincón para no molestar.
Se olvida su belleza, se rompe su armonía
sin pensar que forman parte de la vida,
y aún son útiles.
Solamente son mayores.

El extraño visitante se ceba con ellos,
el abandono les deja débiles,
la nostalgia marca la soledad
y la bestia se apodera de su fragilidad
negándoles con la sutil crueldad, el último adiós.

Gloria Gómez

domingo, 7 de junio de 2020

EMPEZAR DE NUEVO


EMPEZAR DE NUEVO


La primavera se despide sin haber sonreído las estrellas,
el arco iris pasó de largo ante la claraboya azul
y nuevamente caminamos sobre el asfalto
con los pies descalzos,
con el temor en las venas al encuentro desafortunado.

Rostros pintados de esperanza
añoran el último proyecto depositado en el estante,
acarician el retrato del ser querido
saliendo para no volver,
rompiendo el recuerdo amargo
de una partida dividida a la oscuridad.

La desolación ha dejado el rastro
en la ensenada pintada de azul
pero sin la huella del amor paseando por la orilla,
hijos han dejado el vacío en la galería del alma máter,
el abuelo del cuento de medianoche
ya no vuelve a sosegar la niñez.

Empezar de nuevo,
queriendo que todo vuelva a brillar.

Más sin olvidar,
que en toda guerra no hay vencedores,
una vez más somos perdedores,
esta primavera no volverá
y muchos sin los seres que con ella se han ido,
sin sus trabajos, sin sus amores,
con las ilusiones en el equipaje del olvido
tendrán que cubrirse de valor y empezar de cero.

Empezamos otro recorrido,
otras letras llenarán las páginas de nuestra vida,
más lacerada por la pérdida
pero con la fuerza adquirida en la lucha diaria,
frente al mal revoloteando a su libre albedrío
delante de nuestra tez,
haciendo frente a los duelos de una noticia,
a un adiós sin palabras y sin emoción.

Empezar de cero sin mirar atrás,
sin escuchar el estruendo provocador
que en la tarde irrumpe trastocando el futuro,
sólo son secuaces de su propio error.
Vamos a elaborar  un vestido nuevo de fortaleza
ante las vicisitudes inesperadas
y el tesón sosteniendo la libertad recobrada
por cada hora de resistencia al horror.

Levantar los añicos de almas
consumidas a la desesperanza del hambre
devorando los recodos del viajero sin destino
ofreciendo un asiento de calma.
Entregar la nueva flor sin espinas esta vez
al joven desorientado tras la desventura
y la lejanía de sus voces amigas.
Empezar de nuevo la faena de la vida con osadía
sin olvidar la lágrima contenida
en el silencio de la noche,
recordando nuestra fragilidad.

Gloria Gómez

miércoles, 3 de junio de 2020

EN PRIMERA LÍNEA


EN PRIMERA LÍNEA


Aplausos dirigidos en una sola dirección,
merecida, sí,
pero tal vez por el ansia de luz
que  hay detrás de ese gesto,
la luz que pende de una salubridad,
contenida por una maldad desconocida,
o por un habitante compuesto solo de recelo
contra la multitud.
En primera línea los luchadores sin ser héroes
afanan el saber con el aprender
para encontrar un combatiente
que también les salve a ellos.

Más,  hay quien no oye los aplausos,
anónimamente reparte flores
en cartas de felicidad a los vecinos,
pocos conocen su nombre,
su energía consiste en hacer sonreír
detrás de cada puerta
con un regalo del otro lado del planeta.
El recorrido diario le lleva de pueblo a pueblo
repartiendo misivas de colores,
una sonrisa en los labios para la noche,
y algún vecino le habla con recelo
del mal que hay en la ciudad
distanciando la cortesía
como huyendo del pavor.

Un día el camino se queda sordo,
no suenan los pasos de la mensajera,
en lugar de una carta de esperanza
llega una esquela,
el mal que flota en el mundo se la llevó.

Gloria Gómez