LA GRAN DESGRACIA
A un
viejo que pasaba la calle
detuvo
del faldón de la levita
una niña
bonita
y de
arrogante talle,
diciéndole:
--Señor, por vida suya
quiero
que usted me instruya
de las
nuevas que aquí me participa
una tía
que tengo en Arequipa.
Y sin más
requilorio
una carta
pasóle al vejestorio.
Calóse el
buen señor sobre los ojos
un grave
para de anteojos,
el sobre
contempló la oblea,
la
arenilla quitó de los borrones,
examinó
la firma, linda o fea,
y se
extasió media hora en los renglones.
Ya de
aguardar cansada
--¿qué me
dicen, señor? –dijo la bella.
Y el
viejo echó a llorar diciendo: -¡Nada!
Has
nacido, mujer, con mala estrella.
Asustada
la joven del exceso
de llanto
del anciano,
le
preguntó: --¿Quizá murió mi hermano?
Y el
viejo respondióle: --¡Ay! es peor que eso.
--¿Está
enferma mi madre?
Todavía,
es peor cosa, hija mía:
no puedes
resistir a esta desgracia…
yo, viejo
y todo, me volviera loco.
--¿Qué ha
sucedido, pues, por Santa Engracia?
--Que tú
no sabes leer…, y yo tampoco.
Ricardo
Palma
7 de
febrero de 1833
Lima –
Perú
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