LOS VERSOS
Los versos son los niños
del alma
que no pueden ser metidos
en cárceles
ni en tristes calabozos
porque su
vida es luz y es armonía
y juegan,
inocentes, en los parques
de todos
los alegres días de fiesta
que no se
llaman lunes ni domingos.
Los versos son la gracia de la vida
y no
pueden llevarse a sanatorios
ni
comprimir en máquinas neumáticas
ni tundir
con grandes garrotes ni palabras.
Ellos cantan, rebrincan, dan sus gritos,
inocentes,
lumínicos, radiantes,
en medio
de las pistas blancas, como
titiriteros
inconscientes que alzan
sus
piernas alambres en sol y azules,
atrevidos,
sin pizca de malicia,
sin temor
al maestro de la escuela
ni al
guardia de la esquina. Cantarinos
como el
agua, mis niños, mis colegios,
en plena
luz y en plena alegoría,
cantando siempre,
van en una alegre
bandada
como pájaros del cielo
que se
posasen en la blanca nieve
donde
hicieron sus nidos y se fueron
a todos
los países del ensueño.
Venid, cogedlos. No los cogeréis,
porque,
¿quién ata un niño a un hombre duro?
Digo yo a
los prosaicos hombres fríos
y a los
que envidian, ¿quién en prisión mete
a los
versos sencillos y fugaces
ni los
ensartan como a muñecajos
con el
filo cruel de un duro sable?
Rogelio Buendía
14 de
febrero de 1891
Huelva

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