USTÉ
Eso de
hablarnos de usté
aunque
estemos los dos solos,
y que de
usté a mí me digas,
y yo de
usté a ti te hable,
tiene una
gracia…, es tan nuevo,
que rompe
todos los moldes
del “tú
por tú”, tan gastado
entre
gente que se quiere.
Además,
que, así, de usté,
parece
que a cualquier hora,
ya sea de
noche o de día,
somos dos
desconocidos
que
acaban de conocerse…
--¿Quiere
usté dar un paseo?
--¿Qué le
parece la tarde?
--¿Verdá
que es blanca esta rosa?
--Su reló
va adelantado…
Y nos
queremos los dos
cada vez
con más locura,
y
nuestras vidas son ya
dos ríos
entrelazados…
Y hemos
partido la luna
como un
pan de miga blanda,
la mitad,
para tu boca,
la mitad,
para la mía.
Llámame de
usté ya siempre,
porque si
de tú me hablaras,
romperías
el encanto
de esta
aristocracia nueva
del corazón
y del beso
y de la
esquina imprevista…
¡Mi vida,
que yo te sienta,
muchas
veces al oído,
decirme,
cuando esté triste:
¡Ay, cómo
le quiero a usté!
Rafael de
León
6 de
febrero de 1908
Sevilla

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