PREDESTINADOS
Es
el abismo el que le atrae
desde
su fondo más oscuro,
para
que deje esta vida tan triste
que
él ve cubierta de eterno luto.
No
bien una sombra se disipa
otras
se agranda… se agranda y le envuelve
sin
que adivine por qué ha venido,
por
qué le busca, ni qué le quiere,
pero
le aterra y le acobarda
y a
donde va le sigue siempre.
Si
algún dolor abandona su alma,
otro
más vivo y más intenso,
en
sus entrañas haciendo el nido
para
él inventa nuevos tormentos,
mucho
más hondos y más terribles
siempre
los últimos que los primeros.
Un
mal espíritu, algún demonio
de
cuantos hay el más cruel
ha
presidido su nacimiento
y
oculto guía siempre su pie
hacia
los bordes de alta sima
a
ver si puede verle caer.
Vacila
su planta ya… y sus ojos
vagos
se fijan en lo infinito,
que
él cree imagen de la nada;
pero
le atrae… le atrae el vacío
en
donde flotas, genio invisible,
siempre
llamándole hacia el abismo.
Y
cae al fin… y nadie sabe,
ni
nade pregunta por qué ha caído.
Rosalía
de Castro
23 de
febrero de 1837
Santiago
de Compostela (A Coruña)

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