No huyas
bajo álamos inmantenida
No asumas
en el aire tu incendio engacelado
No olvides
o no huyas del imán de mi cuerpo
Hay un país
que baja de tu voz somniforme
Hay un
brillo de espadas en tus ojos topacios.
No sabes que
te quiero mucho
que
dentro de mi imberbe corazón te has movido
rápida
voz extraña de muchacha rapaz
líquenes
de esperanza navegan por tu manto
Has
abierto una ropa con silueta de loto
No sabes
que te adoro con inocentes señas.
Responde común
luz o escúchame mujer
dentro de
mis espejos de belleza y deseo
Te has
dormido inaudita sobre mi espalda muda
dulce
dulcísima cara de criatura
y de
sutiles pasos navegante.
Te quiero
pero no huyas
No quites
el tiempo de tu rodilla
No te
turbes en lecho de infinito relumbre
Habla debes
venir a decirme en qué piensas
La mujer
se evapora con los labios cerrados
La mujer
cuando ama es un vuelo en un sueño
No dejes
en mis manos el gamo de tu sombra
Ama como
era antaño la fuente de tus penas.
Carlos
Edmundo de Ory
27 de
abril de 1923
Cádiz
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