SI ME HICIERA
COSQUILLAS EL ROCE DEL AMOR…
Si me
hiciera cosquillas el roce del amor
si una
niña tramposa me robara a su lado
y
horadase sus pajas rompiendo mi vendado corazón,
si ese
rojo escozor pudiera dar a luz
la risa
en mis pulmones como pare el ganado,
no temería
yo a la manzana ni al diluvio
ni a la
sangre maligna de la primavera.
¿Qué será,
macho o hembra? Se preguntan las células
y como un
fuego arrojan desde la carne la ciruela.
Si me
hiciera cosquillas la cabellera incubadora,
el hueso
alado que crece en los talones,
la comezón
del hombre sobre el muslo del niño,
no temería
al hacha ni a las horcas
ni a las
varas cruzadas de la guerra.
¿Qué será,
macho o hembra? Se preguntan los dedos
que
llenan las paredes de niñas inmaduras
con sus
hombres dibujados a tiza.
Si me
hiciera cosquillas la avidez del granuja
que
insufla su calor al nervio en carne viva
no temería
al diablo sobre el lomo
ni a la
tumba veraz.
Si me
hiciera cosquillas el roce de los amantes
que no
borra ni las patas de gallo ni la risa sin dientes
sobre
mangas quijadas en la vejez enferma,
el tiempo
y las ladillas y el burdel de amoríos
me dejaría
frío como manteca para moscas,
las
espumas del mar bien podrían ahogarme
cuando
rompen y mueren al pie de los amantes.
La mitad
de este mundo es del demonio, la otra mitad es mía,
bobo por
esa droga fumada en una niña
y
enredado en el brote que bifurca su ojo.
La tibia
del anciano y mi hueso tienen la misma médula
y todos
los arenques huelen dentro del mar,
yo me
siento y contemplo bajo mi uña al gusano
que
corroe lo vivo.
Y éste es
el roce, único roce que hormiguea.
El mono
contrahecho que se hamaca a lo largo de su sexo
desde las
húmedas tinieblas del amor y el tirón de la nodriza
no puede
hacer surgir la medianoche de una risa entre dientes,
ni del
momento en que se encuentra una belleza entre los pechos
de la
amante, la madre, los amantes o toda su estatura
en la
punzante oscuridad.
¿Y qué es
el roce? ¿La pluma de la muerte sobre el nervio?
¿es tu
boca, amor mío? ¿El abrojo en el beso?
¿Mi
payaso de Cristo nacido sobre el árbol entre espinas?
Las palabras
de la muerte son más secas aún que su mismo cadáver
y mis
heridas llenas de palabras tienen las huellas de tu pelo.
Me haría
cosquillas el roce del amor, pues bien:
hombre, sé
mi metáfora.
Dylan
Thomas
27 de
octubre de 1914
Swansea
Gales – Reino Unido
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