martes, 27 de octubre de 2026

UNA VIDA

 




UNA VIDA

 

Tócala: no se encogerá como pupila

esta rareza oviforme, clara como una lágrima.

He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,

azucena, como flora distinta

de un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

 

Toca este vaso con los dedos: sonará

como campana china al mínimo temblor del aire

aunque nadie lo note o se anime a contestar.

Los indígenas, como el corcho graves,

todos ocupadísimos para siempre jamás.

 

A sus pies las olas, en fila india,

no reventando nunca de irritación, se inclinan:

en el aire se atascan,

frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.

Las nubes enarboladas o orondas, encima.

 

Como almohadones victorianos. Esta familia

de rostros habituales, a un coleccionista,

por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

 

En otros lugares el paisaje es más franco.

Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

 

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo

platillo de hospital en torno, parece

la luna o una cuartilla de papel intacto.

Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.

Vive silente.

 

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa

anticuada, el mar, plano como una postal,

que una dimensión demás le impide penetrar.

Dolor y cólera neutralizadas

ahora dejad la en paz. 

 

El porvenir es una gaviota gris, charla

con voz felina de adioses, partida.

Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,

y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa

saliendo a la orilla.

 

Sylvia Plath

27 de octubre de 1932

Jamaica Plain – Boston – EEUU


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