MELANCOLÍA DEL
DESAPARECER
Y pensar
que después que yo me muera,
aún
surgirán mañanas luminosas,
que bajo
un cielo azul, la primavera,
indiferente
a mi mansión postrera,
encamará
en la seda de las rosas.
Y pensar
que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis
huesos danzará la vida,
y que
habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados
por la luz del sol poniente
y noches
llenas de esa luz de plata,
que
inundaban mi vieja serenata,
cuando aún
cantaba Dios, bajo mi frente.
Y pensar
que no puedo en mi egoísmo
llevarme
al sol ni al cielo en mi mortaja;
que he de
marchar yo solo hacia el abismo,
y que la
luna brillará lo mismo
y ya no
la veré desde mi caja.
Agustín
de Foxá
28 de
febrero de 1906
Madrid
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