UNA LÁGRIMA
Puede ser
una lágrima la historia
de un
corazón por el pesar vencido:
puede ser
el adiós que la memoria
da a un
bien soñado, si lo ve perdido.
El mudo
grito que al espacio lanza,
tal vez,
algún oculto sentimiento:
suspiro
que, al morir, da la esperanza,
o de la
dicha misterioso acento.
Puede ser
la expresión callada y pura
de la fe
sincera, o de entusiasmo ardiente,
y puede
ser, también, de la ternura
el acento
más dulce y elocuente.
Cuando la
impulsa caridad sublime,
puede
brotar por el dolor ajeno:
al rodar
una lágrima, redime
un
pasado, quizás, de sombras lleno.
Ella puede
expresar cuanto en la tierra
al corazón
conmueve o esclaviza.
¡Quién
puede adivinar lo que ella encierra
cuando
por un semblante se desliza.
Concepción
Estevarena
10 de
enero de 1854
Sevilla

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