JUICIO FINAL
Yo,
pecador, artista del pecado,
comido
por el ansia hasta los tuétanos,
yo,
tropel de esperanza y de fracasos,
estatua
del dolor, firma del viento.
Yo,
pecador, en fin, desesperado
de
sombras y de sueños: me confieso
que soy
un hombre en situación de hablaros
de la
vida. Peque. No me arrepiento.
Nací para
narrar con estos labios
que
barrera la muerte un día de éstos,
espléndidas
caídas en picado
del bello
avión aquel de carne y hueso.
Alas
arriba disparo los brazos,
alardeando
de tan alto invento;
plumas de
níquel, escribid despacio.
Helas aquí,
hincadas en el suelo.
Este es
mi sitio. Mi terreno. Campo
de
aterrizaje de mis ansias. Cielo
al revés.
Es mi sitio y no lo cambio
por ninguno.
Caí. No me arrepiento.
Ímpetus nuevos
nacerán, más altos.
Llegaré por
mis pies, para que os quiero?
A la
patria del hombre: al cielo raso
de
sombras esas y de sueños esos.
Blas de
Otero
15 de
marzo de 1916
Bilbao

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