LEJOS, DE CORAZÓN
EN CORAZÓN…
Lejos,
de corazón
en corazón,
más allá
de la copa de niebla que me aspira desde el fondo del vértigo,
siento el
redoble con que me convocan a la tierra de nadie.
(¿Quién
se levanta en mí?
¿Quién se
alza del sitial de su agonía, de su estera de zarzas,
y camina con la memoria de mi pie?)
Dejo mi
cuerpo a solas igual que una armadura de intemperie hacia adentro
y depongo
mi nombre como un arma que solamente hiere.
(¿Dónde
salgo a mi encuentro con el arrobamiento de la luna contra
el cristal de todos los albergues?)
Abro con
otras manos la entrada del sendero que no sé adónde da
y avanzo
con la noche de los desconocidos.
(¿Dónde
llevaba el día mi señal, pálida en su aislamiento,
la huella
de una insignia que mi pobre victoria arrebataba al tiempo?)
Miro desde
otros ojos esta pared de brumas
en donde
cada uno ha marcado con sangre el jeroglífico de su soledad,
y suelta
sus amarras y se va en un adiós de velero fantasma hacia el naufragio.
(¿No había
en otra parte, lejos, en otro tiempo, una tierra extranjera,
una raza
de todos menos uno, que se llamó la raza de los otros,
un
lenguaje de ciegos que ascendía en zumbidos y en burbujas hasta la sorda
noche?)
Desde
adentro de todos no hay más que una morada bajo un friso de máscaras;
desde
adentro de todos hay una sola efigie que fue inscripta en el revés del alma;
desde adentro de todos cada historia sucede en todas partes:
no hay
muerte que no mate, no hay nacimiento ajeno ni amor deshabitado.
(¿No
éramos el rehén de una caída, una lluvia de piedras desprendida del cielo,
un
reguero de insectos tratando de cruzar la hoguera del castigo?)
Cualquier
hombre es la versión en sombras de un Gran Rey herido en su costado.
Despierto
en cada sueño con el sueño con que Alguien sueña el mundo.
Es víspera
de Dios. Está uniendo en nosotros sus pedazos.
Olga
Orozco
17 de
marzo de 1920
Toay –
Argentina

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