LOS EJÉRCITOS DEL
HAMBRE
Miradles,
allá van, son los atletas
De la
vida, que ostentan por escudo
Del
ingenio las grandes concepciones,
Del arte
el ideal noble y fecundo;
Son los
hijos queridos del trabajo,
Son las
almas templadas en el rudo
Luchar de
la existencia, son los brazos
Que
conmueven viriles los profundos
Ámbitos
de la tierra, los cerebros
Que
arrancan a la ciencia los ocultos
Secretos
del destino, los que luchan
Para
implantar de la verdad el triunfo;
Son, en
suma, la fuerza creadora
Palanca
universal que mueve el mundo.
Y no
obstante, ¡miradles! Sólo harapos
Cubren sus
carnes: en su pie desnudo
La fatiga
marcó huellas de sangre,
Sus brazos
vigorosos y robustos
Se doblan
al cansancio, y en su boca
De amoratados
labios, surge el mudo
Gesto de
la impotencia y de la rabia,
Tras la
sonrisa del esclavo, oculto.
¡Grandes
vencidos por la ley injusta!
Mal aherrojados
al presente impuro,
Pugnan,
en vano,, por romper airados
De horrible
esclavitud el fuerte yugo.
¿Qué piden?
Sólo pan, sólo el sustento
Que dio
Natura a cuanto vida tuvo.
Lo que no
le falta al pájaro en el bosque,
Ni en su
tallo a la flor, ni al diminuto
Gusano que
en la tierra culebrea,
Ni aún a
la fuerza en el breñal inculto.
¡Pan, sólo
piden pan, y no lo encuentran!
Y son sus
gritos, ecos moribundos
Que llegan
a perderse entre la orgía
Con que
el infame proclamó su triunfo.
¡Pasee
indignación por los espacios!
Llegue hasta
el pecho del esclavo mudo
Y desate
su lengua a sus brazos
De ese
vigor y soberano impulso
Capaz de
derrumbar, ciego, pujante,
De la
injusticia al señoril escudo;
Ponga en
sus manos arma vengadora,
Señale en
la cumbre a sus verdugos…
Ordene los
ejércitos del hambre,
Los de
ardiente mirada y ceño adusto,
Los que sienten
el peso de la vida,
Los que
miran sus hijos moribundos
Mientras oyen
los gritos de la orgía
Que el
vicio y el placer celebran juntos.
¡Avance
la avalancha de harapientos,
La masa de
explotados, que en confuso
Tropel se
apresta a conquistar valiente
Un porvenir
dignificado y justo!
Mientras al
veros ríe el miserable
Juzgando su
poder firme y seguro,
La Europa
pensadora, vuestro paso
Contempla
con afán y a vuestro impulso
Se siente
renacer con nueva vida
Y funda
si esperanza en vuestro triunfo.
¡Marchad,
marchad! Atletas del progreso,
Eternos redentores,
los fecundos
Mártires del
trabajo, los rebeldes
Ante la
infamia y el poder injusto.
¡Marchad,
marchad!, allá lejos, aun lejos
Os brinda
la esperanza en lo futuro,
Entre amores,
consuelos y alegrías
La vida
del derecho noble y justo.
¡Marchad,
marchad los hijos del p rogreso;
Sea huracán
vuestro potente impulso;
Y que
arrasen los vientos populares
De indignación,
el carcomido, inculto
Edificio social
que con la sangre
Del paria,
alzó su criminal influjo.
¡Marchad,
marchad, ejércitos del hambre!
Seguid andando
hacia el mañana, el triunfo
Allá os
aguarda, gleba del pasado,
Esclavos del
ayer, hoy moribundos
Y hambrientos
proletarios. ¡Adelante!
¡Vuestra
es la redención, vuestro es el mundo!
Belén
Sárraga de Ferrero
1874
Valladolid

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