miércoles, 18 de marzo de 2026

AMOR



AMOR

 

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.

 

Esta tarde –mar, pinares, azul-,

suspendido entre los brazos ligerísimos del aire

y entre los tuyos, dulce, dulce mía,

un ritmo palpitante me cantaba:

es fácil y, a veces, casi alegre.

 

La brisa unía en un mismo latido

nuestros cuerpos, los árboles, las olas,

y nosotros no éramos distintos

de las nubes, los pájaros, los pinos,

de las plantas azules de agua y aire,

plantas, al fin, nosotros, de callada y dulce carne.

 

La tierra se extasiaba; ya casi era divina

en las nubes redondas, en la espuma,

en este blanco  amor que, radiante, se eleva

al suave empuje de dos cuerpos que se unen

                                                      en la hierba.

 

¿Recuerdas, dulce mía, cuando el aire

se llenaba de aplomas invisibles,

de una música o brisa que tu aliento

repetía apresurado de secretos?

 

Vivir es fácil y, a veces casi alegre.

Contigo entre los brazos estoy viendo

caballos que me escapan por una aire lejano,

y estoy, y estamos, tocando con los labios 

esas flores azules que nacen  de la nada.

 

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.

Al hablar, confundimos; al andar, tropezamos;

al besarnos no existe un solo error posible:

resucitan los cuerpos cantando y parece

que vamos a cubrirnos de flores diminutas,

de flores blancas, lo mismo que un manzano.

 

Dulce, dulce mía, ciérrame los ojos,

deja que este aire inunde de nuestros cuerpos;

seamos solamente dos árboles temblando

con lo mismo que en ellos ha temblado esta tarde.

 

Vivir es más fácil: es alegre.

Por caminos difíciles hoy llego

a la simple verdad de que tú vives.

Sólo quiero el amor, el árbol verde

que se mueve en el aire levemente

mientras nubes blanquísimas escapan

por un cielo que es rosa, que es azul, que es

                                                         gris y malva,

que es siempre lo infinito y no comprendo,

ni quiero comprender porque esto basta:

¡amor, amor!, tus brazos y mis brazos

y los brazos ligerísimos del aire que nos lleva,

y una música que flota por encima,

que oímos y no oímos,

que consuela y exalta:

¡amor también volando a lo divino!

 

Gabriel Celaya

18 de marzo de 1911

Hernani (Guipúzcoa)


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