domingo, 5 de mayo de 2019

PRIMER DOMINGO DE MAYO - Gloria Gómez




PRIMER DOMINGO DE MAYO


La flor en tersura definiendo el símbolo tierno, 
a la vez que una fortaleza sosteniendo el armazón, 
dibujando la calidez de los siglos, 
acariciando la semblanza de viejos enseres, 
abrazando el llanto y la sonrisa en cada pétalo. 

Hoy la llamada viene de lejos 
a recordar la ternura del jardín de los arrumacos. 
Sigue fluyendo la savia en nuevos tallos 
invocando la copla de la mañana en el frío invierno,
sigue floreciendo el arbusto del patio
abocando la pena de la huída.

Oigo la voz queriendo templar los ímpetus,
queriendo aplacar el enojo sin razón en sendas escarchadas
y también la voz que desde lejos
susurra en el oído la melodía de la quietud.

La brisa trae el murmullo de madrugadas
marcando nuevas historias al partir,
el olor del rosal en la tarde estival
y la danza de la noche en el traqueteo
preparando el rumbo en vestidos del futuro.

No hay distancia que diluya la fortaleza
de la sonrisa más entrañable 
ni el pundonor de la lágrima en la despedida.
No hay obstáculo para sentir la cercanía
de la palabra del consuelo en la lejanía.
No hay imposible que haga olvidar 
la fuerza que da un abrazo mesurado.

Perdura la fragancia en los nuevos brotes,
los que adornan mi linaje,
los que cada día se mueven con tu grácil contoneo,
con sus balbuceos me transportan a no olvidar,
arrojando sus pétalos a nuevos rumbos.

La flor más tersa para definir
que nada se destruye al quedar en el recuerdo,
en la piel rodeada del gorjeo mañanero,
la que ama sin medida y sin condición,
la sublime primavera 
surge el primer domingo de mayo.

Gloria Gómez Candanedo


jueves, 2 de mayo de 2019

GRANADA - Federico García Lorca


GRANADA
Granada calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alambra,
las tres y las cuatro solas.
Una vestida de verde,
otra de malva, y a otra,
un corselete escocés
con cintas hasta la cola.

Las que van delante, garzas
la que va detrás, paloma,
abren por las alamedas muselinas misteriosas.
¡Ay, qué oscura está la Alambra!
¿Adónde irán las manolas
mientras sufren en la umbría
el surtidor y la rosa?

¿Qué galanes las esperan?
¿Bajo qué mirto reposan?
¿Qué manos roban perfumes
a sus dos flores redondas?

Nadie va con ellas, nadie;
dos garzas y una paloma.
Pero en el mundo hay galanes
que se tapan con las hojas.
La catedral ha dejado
bronces que la brisa toma;
El Genil duerme a sus bueyes
y el Dauro a sus mariposas.

La noche viene cargada
con sus colinas de sombra;
una enseña los zapatos
entre volantes de blonda;
la mayor abre sus ojos
y la menor los entorna.

¿Quién serán aquellas tres de alto pecho y larga cola?
¿Por qué agitan los pañuelos?
¿Adónde irán a estas horas?
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.

Federico García Lorca

domingo, 28 de abril de 2019

FORTUNA - Ida Vitale



 FORTUNA

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,  
ser en la noche un ser como en el día.
No ser  casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y  no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos

Ida Vitale
Premio Cervantes 2018, entregado en Alcalá de Henares el 23 de abril de 2019


sábado, 27 de abril de 2019

CÓMO - Josefina Pla


CÓMO


Ay, cómo abrirte este dolor de llaves,
en soledad de pulso amurallado.
Lo que ya se llevaron, cómo darte,
sueño, renunciación, ausencia, olvido.

Cómo franquear a tu claror las puertas
tras las cuales murió crucificado
cada latido virgen de tu nombre,
desposado no obstante de tu imagen.

Cómo agotar la senda de la ausencia,
el rumbo del viaje jamás hecho,
las jornadas cautivas del suspiro.

Ay, cómo en ascua recobrar ceniza,
y de la piedra absorta hacer el nardo
que se encienda a la orilla de tu sangre…
1953

Josefina Pla


lunes, 22 de abril de 2019

FOTOGRAFÍA - Gloria Gómez


FOTOGRAFÍA


Y encontré una fotografía amarilleada por el tiempo
la tez morena se iba ajando tras la estela fugaz del recuerdo,
la hondura de los ojos tenía la expresión volcánica
de la tarde sideral
y la huella de una lágrima vertida
significaba el fuego apagado en la sombra.

Y me miraba la fotografía interrogando,
cuán lejos estaba entonces
y me transmitía las palabras ahogadas en la garganta
durante las noches,
durante semanas, meses y años acodados
en la sombra de la distancia
y me revelaba unos dedos acariciando el destino
llevado al destierro.

Y pensaba: ¡cuánta veces esa fotografía
escucharía tus plegarias!
Y cómo tus sollozos iban apagando
el brillo del nácar bajo la luna
y sopesaba las tardes tras la cortina del ventanal
aullando cielos.

Y me pregunté: por qué un simple retrato
podía saber más de mi sangre, que mis propias venas,
si pronunciabas un nombre en penumbras agotadas
en las horas vespertinas y si alguna vez
implorabas la cercanía de una piel acariciando tu mirada.

Me seguía mirando esa profundidad reflejada
en los ojos de la fotografía
y a veces parecía sonreír a la yema de mis dedos,
como queriendo expresar tantos anhelos
abocados al recuerdo,
dentro de una maleta preparada
para el viaje que nunca comenzó.

Gloria Gómez Candanedo
De "Nombre de mujer"


AUSENCIA



AUSENCIA


Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se e va todo, se nos va todo!
Se va mi voz que te hacía campana
Cerrada  a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y  en tu  recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

Gabriela Mistral







domingo, 7 de abril de 2019

DISFRAZ - Gloria Gómez




DISFRAZ

Febrero mocho,
como le llaman en algunos lares,
por sólo tener, veintiocho.

Por capricho de los acaeceres y los dioses,
la conjugación de los tiempos,
quiso que fuera mágico,
en ofrenda a los deseos del dios Baco,
festejando colosales bacanales
en homenaje a las fructíferas cosechas.

Alocado como ninguno,
siendo por antojo de los días,
tan gélido, que no se pueda apartar,
del fuego de la chimenea,
o tan cálido, que haya de buscar
la sombra del almendro
asalmonado por la flor.

Mas lo fascinante, lo divino,
baja hacia tus venas en desfile,
que el niño se quiera convertir en héroe,
eligiendo el disfraz adecuado,
y la niña quiera ser soberana
bajo la viscosidad del traje enmascarado.

A son de chirigotas y cuchufletas,
a ritmo de comparsas y séquitos,
alardeos, contoneos, balanceos y pavoneos,
ricos y pobres se entremezclan,
se entrelazan, se sumergen,
en dispares atavíos y bullicios,
en confabulación de las deidades
al paso por las traveseras
que forman el paisaje de mi aldea.

Gloria Gómez
De “Nombre de mujer”


sábado, 23 de marzo de 2019

IRÉ DISFRAZADA Y CON MI PERFUME


IRÉ DISFRAZADA Y CON MI PERFUME


En la tarde grisácea del devenir otoñal,
un delicado arpegio de vals, con olor a jazmín,
cruzaba la penumbra a través del umbral,
danzando a suave ritmo, hasta anclar en mí,
invitándome sigilosamente a entrar en escena.

Saltaré a la nacarada pista de baile,
envuelta en el aderezado artificio
que tú elaboraste para el cuidado de mi talle,
guardando la chispa de mi mirada,
rodeada de sombras y fugaces eclipses.

Iré disfrazada por la serpia ruta celeste
de tus afiladas espinas,
cargadas de implacable y letal pócima,
seduciendo de las plantas, todos los pistilos,
hasta dejar tus sinsabores en ella imbuidos.

Me cubriré con el vestido del sigilo y el misterio,
como exige la milenaria tradición,
bajo tan aparatoso y pesado traje,
permanecerá el perfume de mi esencia,
que ningún tropel de algarabía puede difuminar.

Gloria Gómez
De “Nombre de mujer”



miércoles, 20 de marzo de 2019

CONOZCO LA AUSENCIA DE TU CUERPO



                                                 
CONOZCO LA AUSENCIA DE TU CUERPO

Aquí, la estela del beso rodeando
el insigne moldeado de mi cuerpo tras las caricias
cuando la luz crepuscular apaga el sollozo,
temiendo la ausencia de una palabra
al alejar tu orografía de mis senos.

Aquí, el sonido de tu voz
perdura en mi oído versificando noches de satén
al despedir la simiente del destino
sobre la tierra que te lleva a confines de otros parajes
en la decadencia de los días.

Aunque vuelves con la sonrisa del estupor,
no siempre me regocija la inesperada aventura,
aunque pintas de color las desidias de la noche,
no siempre regreso a tu orilla.

Más la ausencia de u cuerpo sólo es una,
siempre la misma;
el regreso de tu voz trae la palabra inexplorada
sellando la silueta de mi talle,
cada vez en distintas encrucijadas,
y en distintas estaciones,
arropando mansedumbres,
elevando la mirada aturdida,
y arrancando las horas a desabridos andurriales.

Y ahí no quiero retener tu vuelo,
ahí escribo, canto, lloro y hago versos.
Tu cuerpo se viste de sedas transparentes
al expandir la cadencia del sigilo.
Mi cuerpo espera la melodía nocturna
a la indulgencia soslayada
en la densidad de tus labios.

Gloria Gómez Candanedo







martes, 5 de marzo de 2019

AÑO VIEJO - Gloria Gómez




AÑO VIEJO

I
Ya se va.
Se va encorvado por la carga de los días,
el peso de las palabras que se olvidaron pronunciar
en los momentos del amor,
las que quedan en el nudo hecho en la tráquea
al surgir la despedida sin retorno,
las enredadas entre las lágrimas de la emoción
al producir el encuentro con la incertidumbre de la duda.

Ya se va.
Lleva sus pasos torpes por la vereda nocturna
al cargar en una sola mochila
los momentos que podían haber llenado de alegría
la cavidad del tórax ante la desnudez de tu cintura,
ante la calidez de mi mirada en la caricia de la tarde
o el beso olvidado en el soslayo del amanecer.
Se va con todos mis amores y también mis desengaños.

Ya se va.
Y no vuelve su rostro hacia la senda abandonada,
no vuelve la vista hacia el espacio que deja el vacío del adiós,
no gira el tiempo sucedido,
no vuelve a dar la oportunidad de volar.
Se lleva los recuerdos de los retozos en la sombra,
las oportunidades no cultivadas,
y las pieles que olvidaron vivir el temblor.

Ya se va.
Sigilosamente, sutilmente, casi sin avisar,
va recogiendo las últimas páginas,
algunas en blanco,
otras rebosantes de versos escritos en el lecho,
otras mancilladas por la idiotez de la cordura.

Ya se va.
El año se va envejecido.
Se va sin decir adiós,
dejando la ruta marcada,
dejando la huella de los sueños resquebrados en un rincón,
añorando la luz que los vuelva a alzar.
Se va recordando el tiempo
que aún queda para la próxima cosecha.
Alentando almas a retomar la furia de la pasión.

Se va.
Como la ola que arrastra un corazón dibujado en la arena,
diluyendo la sonrisa robada al horizonte
acaecido en la comisura de tus labios
o al ardor sostenido en la línea de los míos
cada vez que te alejas.
Se lleva las veces que sentí el latido de la emoción
cuando una tarde cualquiera nos besábamos.

Se va repleto,
en su espalda se cobijan los abrazos apagados en la quietud,
los deseos no saciados y también los saciados,
los encuentros y las despedidas,
y dentro de lo efímero de su partida
alguna sonrisa no volverá.


II
Se aleja y al paso de las horas
los comensales se apiñan ante la mesa cubierta de viandas
como queriendo retener en el último minuto
los momentos intensificados al llegar la primavera
de aquel día que vimos partir un ser importante
dejando el hueco que ocupaba en el balancín
anidando la ternura.

Queriendo retener en el penúltimo bocado de silencio
el rencor añejo de una crucial mirada en el espejo,
abocar el suspiro robado en una caricia
supuesta en la traición.

Se reúnen interfiriendo la complicidad de las miradas
al destello de ira al pronunciar la primera sílaba.
Alzan la copa y el choque parece
un rechinar de dientes ante cinismos acumulados
en el paso de los últimos minutos
prolongados en el trago de un licor.

En cada gota que  atraviesa la garganta
va evaporando los ensueños trazados
en las tardes del estío
mientras los dedos recorren la piel ardiente
clamando futuros para el regocijo del invierno.



III
No acostumbramos a la partida de lo viejo.
Y como ansiando agarrar los deseos desperdiciados
tras la ferocidad del desconsuelo,
una oquedad nos aprisiona el pecho
queriendo ahogar el dolor en el brindis de la ocasión.

Nos lanzamos a agotar los segundos
que nos quedan, en emitir propósitos al vuelo,
para apaciguar la pérdida de los que nos quedaron por hacer.

El año se va envejecido, cansado y una vez más,
olvida llevarse el hambre de algunos pueblos,
la miseria de algunos botarates poseedores de la razón
y la pobreza de la barbarie
afinada en el rincón de la podredumbre.
También olvida llevarse el rencor acaecido en la entraña
y lágrimas de piedra resquebrajan la esperanza
de una nueva escritura.

Ya suenan campanas de medianoche anunciando la despedida,
hay gentíos que alborotan la plaza abrazando los últimos segundos,
algunos alzan los nuevos retos en la copa,
otros no vuelven la vista a lo olvidado,
en algún rincón surge la despedida.
Suenan campanas, suenan
y al último crujir acude el primer brindis
con la llegada de la luna nueva.

Gloria Gómez