lunes, 15 de junio de 2026

LA MANCHA DE PÚRPURA

LA MANCHA DE PÚRPURA

 

Me impongo la costosa penitencia

de no mirarte en días y días, porque mis ojos,

cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia,

como si naufragasen en un golfo de púrpura,

de melodía y de vehemencia.

 

Pasa el lunes y el martes y el miércoles… yo sufro

tu eclipse, ¡oh criatura solar! Mas en mi duelo

el afán de mirarte se dilata

como una profecía; se descorre cual velo

paulatino; se acendra como miel; se aquilata

como la entraña de las piedras finas;

y se aguza como el llavín

de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

 

Tú no sabes la dicha refinada

que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo

de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo

una vez por semana, y exponer las pupilas,

en un minuto fraudulento,

a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

 

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;

te acecho entre dormidos y tupidos follajes,

como se acecha a una ave fúlgida; y de estos viajes

por la espesura, traigo a mi aislamiento,

el más fúlgido de los plumajes:

el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.  

 

Ramón López Velarde

15 de junio de 1888

Jerez de la Frontera – México


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