LA
TRANSFIGURACIÓN
Siento tu
cuerpo entero junto al mío;
tu carne
es
como un ascua,
fresca e
imprescindible
que está
fluyendo hacia
mi
cuerpo, por un puente
de miel
lenta y silábica.
Hay un
solo momento en que se junta
el cuerpo
con el alma,
y se
sienten recíprocos,
y viven
su
transfiguración,
y se
adelantan
el uno al
otro en una misma entrega,
desde su mismo
origen deseada.
Siento tus
labios en mis labios, siento
tu piel
desnuda y ávida,
y siento,
¡al fin!
Esa frescura
súbita
como una
llamarada
de
eternidad, en que la carne deja
de serlo
y se desata,
se
dispersa en el vuelo,
y va cayendo
en la
tierra sonámbula
de tu
cuerpo que cede interminable-
mente
cediendo,
hasta
que el
vuelo acaba y ya la carne queda
quieta,
milagreada,
y me
devuelve el cuerpo,
y todo ha sido
un pasmo,
un rebrillar y luego nada.
Luis
Rosales
31 de
mayo de 1910
Granada
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