MARIPOSA NOCTURNA
¿Quién
podría abrazarte, diosa oscura,
quién
osaría acariciar tu cuerpo
o
respirar el aire de la noche
por entre
el pelo pardo de tu cara?..
¡Ah!,
¿quién te enlazaría cuando pasas
sobre la
frente como un soplo y zumba
la
estancia sacudida por tu vuelo
y quién
podría ¡sin morir! Sentirte
temblar
sobre los labios detenida
o reír en
la sombra, descubierto,
cuando tu
manto azota las paredes?...
¿Por qué venir
a la mansión del hombre
si no se
es de su carne ni se tiene
voz ni se
puede comprender los muros?
¿Por qué
traer la ciega noche extensa
que no
cabe en el cáliz de los límites…
Desde el
tácito aliento de la sombra
que la
floresta tiende en las vertientes
-quebrada
roca, imprevisible musgo-,
desde troncos
o lazos de lianas,
desde la
voz lasciva del silencio
vienen
los ojos de tus alas lentas.
Da la
datura su canción nocturna
que
trasciende al compás que va la hiedra
ascendiendo
hacia el talle de los árboles
cuando el
crótalo arrastra sus anillos
y leves
voces laten en gargantas
entre el
cieno que nutre al lirio blanco
mirado
por la noche intensamente…
Sobre montes
velludos, sobre playas
donde las
olas blancas se deshojan
la
soledad tendida está a tu vuelo…
¿Por qué
traes a la alcoba,
a la
ventana abierta, confiada, el terror?...
Rosa
Chacel
3 de
junio de 1898
Valladolid
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