FUEGO SOBRE EL
MADERO
Después de
romper el áspero
castrante
hostil
cerrojo
de las ataduras
apuñalé
al pecado
cayendo
agónicas
mis
trabas y mis culpas.
Dejé de
pedir permiso para vivir
Disponiendo
conocerte
abrí tus
brazos en cruz
-cristo
de mis pasiones-
y hundí el
sabor
de mi
presencia
en tus
pies
en tu
cuello en la blanca playa de tu espalda.
Recorriéndote
fui creciendo
hoja de
tu rama
rama de
tu árbol
árbol de
tu bosque
hoja loca
al vaivén
de tu
tronco elocuente.
Empinado a
la fiebre
mi
despertar
caminé y
rodé en tus cumbres
y tu sexo
brotó
dejando
su vasta lluvia
en mi
rezumante tierra nueva.
Dina Posada
1946
El Salvador

No hay comentarios:
Publicar un comentario
poesia