REFLEXIONES
Yo
siempre al triste consolé afectuosa
y la
amarga indigencia socorrí,
que así
tal vez, en la desgracia,
un día,
me socorran a mí.
Y siempre
a la vejez tendí mi mano
y con
respeto y humildad besé
la suya
trémula, que yo más tarde,
lo mismo
me veré.
Y la
niñez desamparada y triste
en mí una
amiga y una hermana halló,
que
sollozando en la orfandad, Dios mío,
puedo
encontrarme yo.
Y yo
lloré con el esclavo siempre
si no
pude aliviar su padecer,
que en el
injusto y azaroso mundo
esclava
puedo ser.
Yo,
compasiva, consolé al mendigo;
que tal
vez, otro tiempo, me verán
a mí de
puerta en puerta, entre sollozos,
¡ay!
mendigando el pan.
Al crimen
aborrezco, pero nunca
al pobre
criminal aborrecí;
porque
yo, en su lugar, ¡ay! no quisiera
que me
odiaran así.
Yo seré
consolada en la desgracia,
que Dios
no puede abandonarme, no,
porque
ante el infeliz, me dije siempre,
¡sí así
me viera yo!
Y todos
¡ay! reflexionar debieran
que tal
vez, como aquéllos se verán;
porque
Dios dice que según medimos
así nos
medirán.
Luisa
Pérez de Zambrana
28 de
agosto de 1837
El Cobre
– Cuba

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