RECONSTRUCCIÓN DEL TANGO NO BAILADO CON NADIE
La tarde
todavía se escribe con tu nombre,
con una
luz de plata sobre un bandoneón.
Se escribe
en un cuaderno con hojas amarillas,
grabando
cada letra tu nombre en un renglón.
Recuerdo que
tenías dos ojos que cantaban
y una
tienda con flores en la respiración.
La tarde
se dolía de un beso en la garganta,
de un
tango que temblaba dormido en el sillón.
Desde una
voz con lluvia cruzaban colegialas
sonando
en sus carteras la última lección.
Pasaban con
la risa colgando de los brazos
y el
verbo amar en tiempo de desconjugación.
Recuerdo en
esa calle dos piernas me miraron
y dejaron
su firma sobre mi corazón.
Gozarlas fue
dolerse la mitad de otro siglo,
metiéndole
de ausencia su fierro este malón.
Aún oigo
cuando hablaban llegando a la cintura,
su lumbre
de allá arriba bajando hasta el tacón.
No existe
ya nostalgia como no oler su cuerpo
ni
andarle a sus caderas la joven tentación.
Después de
que pasaran mis manos se murieron,
se me han
difunto un hijo y un verso en un jarrón.
El mundo tiene
bromas que dan miedo
y no debés
buscarle más argumentación.
Recuerdo que
tenías yuchanes en los ojos
y un
sabor a semillas y a panificación.
Si dicen
que te olvido, reíte, sabés cómo
el sueño
me ha enfermado tu boca bermellón.
Sabés que
sos mi luto que nunca se termina,
que vos
sos quien me arrima mi desesperación.
Recuerdo que
tenías dos ceibos en los ojos
y un
perfume de fruta casi en germinación.
Recuerdo que
tenías la música por dentro,
sonando a
lo incurable de mi desolación.
Ángel
García López
29 de
marzo de 1935
Rota
(Cádiz)

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