lunes, 29 de junio de 2026

LOS SEDIENTOS

 

LOS SEDIENTOS

 

Vagando va por el erial ingrato,

detrás de veinte cabras,

la desgarrada muchachuela virgen,

una broncínea enflaquecida estatua.

Tiene apretadas las morenas carnes,

tiene ceñuda y soñolienta el alma,

cerrado y sordo el corazón de piedra,

secos los labios, dura la mirada…

            Sin verla ni sentirla

            la estéril vida arrastra

encima de unas tierras siempre grises,

debajo de unas nubes siempre pardas.

Como pan negro, enmohecido y duro,

bebe en los charcos pestilentes aguas,

se alberga en un cubil, viste guiñapos,

y se acuesta en un lecho de retamas.

          No sueña cuando duerme,

no piensa cuando vela desvelada;

            si sufre, nunca llora;

            si goza, nunca canta,

y vive sin terrores ni deleites,

        que no la dicen nada

ni los fragores de las noches negras,

ni los silencios de las noches diáfanas,

ni el rebullir del convecino sapo,

ni los aullidos de la loba flaca

que yerra sola venteando carne

de chivos y de cabras.

Nunca sintió las alboradas tristes,

nunca sintió las bellas alboradas,

ni el ascender solemne de los días

ni la caída de las tardes mansas,

ni el canto de los pájaros,

ni el ruido de las aguas,

ni las nostalgias del rumor del mundo,

ni los silencios que el erial encalman.

Su padre fue el pecado,

su madre, la desgracia,

y otra pareja infame

de carne estéril y de infames almas,

la robó de la cuna de los huérfanos

con hórrida codicia calculada.

El mirar de sus ojos ofendidos

por el erial resbala

como el osado pensamiento humano

que osa escrutar los reinos de la nada.

Ciegos los ojos, sordos los oídos,

la lengua muda y soñolienta el alma,

vagando va por el erial escueto

detrás de veinte cabras

que las tristezas del silencio ahondan

con la música opaca

del repicar de sus pezuñas grises

sobre grises fragmentos de pizarras.

 

José María Gabriel y Galán

29 de junio de 1870

Guijuelo (Salamanca) 

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