DEDICATORIA
Las montañas
se doblan ante tamaña pena
y el
gigantesco río queda inerte.
Pero fuertes
cerrojos tiene la condena,
detrás de
ellos sólo “mazmorras de la trena”
y una
melancolía que es la muerte.
Para quién
sopla la brisa ligera,
para quién
es el deleite del ocaso
nosotras
no sabemos, las mismas por doquiera,
sólo oímos
el odioso chirriar de llaves carceleras
y del
soldado el pesado paso.
Nos levantamos
como para la misa de madrugada,
caminábamos
por la ciudad incierta,
para
encontrar una a la otra, muerta, inanimada,
bajo el
sol o la niebla del Neva más cerrada,
mas la
esperanza a lo lejos canta cierta…
La
sentencia.. y las lágrimas brotan de repente,
ya de
todo separada,
como
arrancan la vida al corazón, dolorosamente,
como si
hacia atrás la derribaran brutalmente,
pero
marcha… vacila… aislada…
¿Dónde
están ahora aquellas compañeras del azar,
de mis
años de infierno desnudo?
¿En la
borrasca siberiana cuál es su soñar,
qué
imaginan en el círculo lunar?
A vosotras
os envío mi adiós y mi saludo.
Anna
Ajmátova
23 de
junio de 1889
Odesa –
Ucrania
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