miércoles, 22 de enero de 2025

EL POR QUÉ DE LAS PALABRAS

 


EL POR QUÉ DE LAS PALABRAS

 

No tuve amor a las palabras;

si las usé con desnudez, si sufrí en esa busca,

fue por necesidad de no perder la vida,

y envejecer con algo de memoria

y alguna claridad.

 

Así uní las palabras para quemar la noche,

hacer un falso día hermoso,

y pude conocer que era la soledad el centro de este mundo.

Y sólo atesoré miseria,

suspendido el placer para experimentar una desdicha nueva,

besé en todos los labios posada la ceniza,

y fui capaz de amar la cobardía porque era fiel y era digna del hombre.

 

Hay en mi tosca taza un divino licor

que apuro y que renuevo;

desasosiega, y es

                         remordimiento;

tengo por concubina a la virtud.

No tuve amor a las palabras,

¿cómo tener amor a vagos signos

cuyo desvelamiento era tan sólo

despertar la piedad del hombre para consigo mismo?

 

En el aprendizaje del oficio se logran resultados:

llegué a saber que era idéntico el peso del acto que resulta de

                                                 lenta reflexión y el gratuito,

y es fácil desprenderse de la vida, o no estimarla,

pues es en la desdicha tan valiosa como en la misma dicha.

 

Debí amar las palabras;

por ellas comparé, con cualquier dimensión del mundo externo:

el mar, el firmamento,

un goce o un dolor que al instante morían;

y en ellas alcancé la raíz tenebrosa de la vida.

Cree el hombre que nada es superior al hombre mismo:

ni la mayor miseria, ni la mayor grandeza de los mundos,

pues todo lo contiene su deseo.

 

Las palabras separan de las cosas

la luz que cae en ellas y la cáscara extinta,

y recogen los velos de la sombra

en la noche y los huecos;

mas no supieron separar la lágrima y la risa

pues eran una sola verdad,

y valieron igual sonrisa, indiferencia.

Todos son gestos, muertes, son residuos.

 

Mirad el sigiloso ladrón de las palabras,

repta en la noche fosca,

abre su boca seca, y está mudo

 

Francisco Brines

22 de enero de 1922

Oliva (Valencia)

lunes, 20 de enero de 2025

DE OTOÑO

 

DE OTOÑO

 

Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora

con aquella locura armoniosa de antaño?

Esos no ven la obra profunda de la hora,

la labor del minuto y el prodigio del año.

 

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,

cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.

Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:

¡dejad al huracán mover mi corazón!

 

Rubén Darío

18 de enero de 1867

Metapa – Nicaragua

 

VOY A CONFIARTE, AMADA...

 

VOY A CONFIARTE, AMADA…

 

Voy a confiarte, amada,

uno de los secretos

que más me martirizan. Es el caso

que a las veces mi ceño

tiene en un punto mismo

de cólera y esplín los fruncimientos.

O callo como un mudo,

o charlo como un necio,

suplicando  el discurso

de burlas, carcajadas y dicterios.

¿Qué me miran? Agravio.

¿Me han hablado? Zahiero.

Medio loco de atar, medio sonámbulo,

con mi poco de cuerdo.

¡Cómo bailan en ronda y remolino,

por las cuatro paredes del cerebro

repicando a compás sus consonantes,

mil endiablados versos

que imitan, en sus cláusulas y ritmos,

las músicas macabras de los muertos!

¡Y cómo se atropellan,

para saltar a un tiempo,

las estrofas sombrías,

de vocablos sangrientos,

que me suele enseñar la musa pálida,

la triste musa de los días negros!

Yo soy así. ¡Qué se hace! ¡Boberías

de soñador neurótico y enfermo!

¿Quieres saber acaso

la causa del misterio?

Una estatua de carne

me envenenó la vida con sus besos.

Y tenía tus labios, lindos, rojos

y tenía tus ojos, grandes, bellos…

 

Rubén Darío

18 de enero de 1867

Metapa – Nicaragua

 

sábado, 18 de enero de 2025

EL ENGAÑO A LOS OJOS

 

EL ENGAÑO A LOS OJOS

 

Con qué nobleza se revuelven

todos juntos esos muchachos

y claman por una justicia

perturbando, vociferando,

tan inocentes los carrillos,

tan fieros el porte y los pasos,

con la mirada en dirección

de un porvenir extraordinario,

pero a la vista ahora, ahora,

presente ya sobre el asfalto

de las calles estimuladas

por los rumores calculados

de esa tan filial muchedumbre,

coro de gargantas y brazos,

crédulamente fiel y dócil

--Candor por alud—al dictado

de los mayores en edad,

en crueldad y en aparato,

aún carceleros de una cárcel

donde todo queda murado,

sin salida a ningún futuro:

ni a ese que van anhelando

los que, por fin, desfilan, jóvenes,

magníficos, frente al tirano.   

 

Jorge Guillén

18 de enero de 1893

Valladolid

YA SE ALARGAN LAS TARDES, YA SE DEJA...

 

 

YA SE ALARGAN LAS TARDES, YA SE DEJA…

 

Ya se alargan las tardes, ya se deja

despacio acompañar el sol postrero

mientras él, desde el cielo de febrero,

retira al río la ciudad refleja

 

de la corriente, sin cesar pareja

-más todavía tras algún remero-

a mí, que errante junto al agua quiero

sentirme así fugaz sin una queja,

 

viendo la lentitud con que se pierde

serenando su fin tanta hermosura,

dichosa de valer cuando más tarde

 

-bajo los arreboles- hasta el verde

tenaz de los abetos y se apura

la retirada lenta de la tarde.

 

Jorge Guillén

18 de enero de 1893

Valladolid

¿QUÉ GÉNERO DE ARDOR ES EL QUE LLEGO?...

 


 

¿QUÉ GÉNERO DE ARDOR ES EL QUE LLEGO?...

 

¿Qué género de ardor es el que llego

hoy a sentir, que más parece encanto,

pues luciendo tampoco abrasa tanto

y abrasando tan mudo, arde tan ciego?

 

¿Qué género de llanto es sin sosiego

éste, que a tanto incendio no da espanto,

pues al fuego apagar no puede el llanto,

ni al llanto puede consumir el fuego?

 

Donde materia no hay, no se da llama.

Mas ¡ay! que sin materia en el abismo

una y otra aprensión es quien la inflama.

 

Luego cierto será este silogismo:

si fuego de aprensión tiene quien ama,

amor y infierno todo es uno mismo.

 

Pedro Calderón de la Barca

17 de enero de 1600

Madrid

 

 

jueves, 16 de enero de 2025

CUENTAN DE UN SABIO QUE UN DÍA...

 


CUENTAN DE UN SABIO QUE UN DÍA

 

Cuentas de un sabio que un día

tan pobre y mísero estaba,

que sólo se sustentaba

de unas hierbas que cogía.

¿Habrá otro, entre sí decía,

más pobre y triste que yo?

Y cuando el rostro volvió

halló la respuesta, viendo

que otro sabio iba cogiendo

las hierbas que él arrojó.

 

Quejoso de mi fortuna

yo en este mundo vivía,

y cuando entre mí decía:

¿habrá otra persona alguna

de suerte más importuna?

Piadoso me has respondido.

Pues, volviendo a mi sentido,

hallo que las penas mías,

para hacerlas tú alegrías,

las hubieras recogido.

 

Fragmento de La Vida es Sueño

 

 

Pedro Calderón de la Barca

17 de enero de 1600

Madrid

 

miércoles, 15 de enero de 2025

FATIGA

 


FATIGA

 

Marcho día y noche

como un parque desolado.

Marcho día y noche entre esfinges caídas de mis ojos;

miro el cielo y su hierba que aprende a cantar;

miro el campo herido a grandes gritos,

y el sol en medio del viento.

 

Acaricio mi sombrero lleno de luz especial;

paso la mano sobre el lomo del viento;

los vientos, que pasan como las semanas;

los vientos y las luces con gestos de fruta y sed de sangre;

las luces, que pasan como los meses;

cuando la noche se apoya sobre las casas,

y el perfume de los claveles gira en torno de su eje.

 

Tomo asiento , como el canto de los pájaros;

es la fatiga lejana y la neblina;

caigo como el viento sobre la luz.

 

Caigo sobre mi alma.

He ahí el pájaro de los milagros;

he ahí los tatuajes de mi castillo;

he ahí mis plumas sobre el mar, que grita adiós.

 

Caigo de mi alma.

Y me rompo en pedazos de alma sobre el invierno;

caigo del viento sobre la luz;

caigo de la paloma sobre el viento.  



Vicente Huidobro

10 de enero de 1893

Santiago – Chile

ILUSIONES PERDIDAS

 

ILUSIONES PERDIDAS

 

Hoja del árbol caída en infancia

hoja caída de rodillas

en el centro de su olvido

dulce juguete de esperanzas y relámpagos

sangrando la cabeza malherida

como las ilusiones ópticas

en su palacio de muerte inolvidable

constante barco de corazón doliente

entre naufragio y sombra apresurada.

 

Hoja del nudo caído en árbol en infancia

adónde te arrastran hoja de dulce corazón

y los excesos del fuego de las águilas visuales

hojas de las ramas calefaccionables

detenidas en el aire

prontas a podredumbre entre sus propios brazos

como las aguas embrujadas

 

Vicente Huidobro

10 de enero de 1893

Santiago – Chile

 

domingo, 12 de enero de 2025

ELLA

 


ELLA

 

Ella daba dos pasos hacia adelante

Daba dos pasos hacia atrás

El primer paso decía buenos días señor

El segundo paso decía buenos días señora

Y los otros decía cómo está la familia

 Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo.

 

Ella llevaba una camisa ardiente

Ella tenía ojos de adormecedora de mares

Ella había escondido un sueño en un armario oscuro

Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza.

 

Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos

Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla

 

Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina

Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad

Era hermosa como un cielo bajo una paloma

 

Tenía una boca de acero

Y una bandera mortal dibujada entre los labios

Reía como el mar que siente carbones en su vientre

Como el mar cuando la luna se mira ahogarse

Como el mar que ha mordido todas las playas

El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia

Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas

Antes que el viento norte abra sus ojos

Era hermosa en sus horizontes de huesos

Con camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado

Como el cielo a caballo sobre las palomas.

 

Vicente Huidobro

10 de enero de 1893

Santiago – Chile