domingo, 30 de junio de 2024

TE PESA EL ALMA

 


TE PESA EL ALMA

 

Te duele sobre el hombro hasta el aullido

un alma sin azul y sin riberas.

Rotas quedaron ya tus primaveras;

el corazón, inerme y aterido.

 

Se deshojó tu pecho del latido;

la mies segada está sobre las eras

de tus mudas y yermas sementeras.

Baca abajo, al dolor te has sometido.

 

Pero queda algo vivo en tus abriles,

reverberante amor en los astiles

y un olivo cargado de ventura.

 

Pesa el alma igual que roca dura:

más, las cadenas derribando hostiles,

¡se yergue a Dios en toda su estatura!

 

Manuela López García

30 de junio de 1910

Cacabelos (León)

 

 

sábado, 29 de junio de 2024

ELEGÍA

 


ELEGÍA

 

Me envuelvo en tu recuerdo

como en nieblas secretas que me apartan del mundo.

En la calle sonrío al amigo que pasa,

y nadie,

nunca nadie

adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa

ni el frío sin consuelo de mis ojos que ciegan

pidiendo de los tuyos más desdén,

más veneno.

Ahora que la tarde se derrumba en las sombras,

y que el libro de versos resbala por mis manos,

ahora que la lluvia llora por los cristales

de mi ventana,

y llanto va a caer de mis ojos,

antes de que una mano encienda la dorada

llama de mi quinqué,

dime si tú no sueñas en tu balcón, ahora

que la lluvia nos une a los dos con sus lágrimas,

o si sobre el teclado de tu piano oscuro

agoniza Chopin

bajo tus manos trémulas.

Nunca sabrás el loco deseo que me tortura

de cautivar tus labios bajo mi boca ávida,

y sentir el latido de tu sien en mi mano

aprisionada como un pájaro aterido.

Pero no sabrás nunca nada de mi deseo.

Nada de cuando pienso desgarrar con mis dientes

los azules canales de tus venas

y juntos

morirnos desangrados, confundidas las sangres.

Pero estamos ajenos.

Yo sigo en mi ventana,

y tú soñando en otro mientras Chopin suspira,

ahora que aún no arde en mi quinqué la luz

y que a los dos nos une la lluvia con sus lágrimas.

 

Pablo García Baena

29 de junio de 1923

Córdoba

UN CONSEJO DE FAMILIA

 


UN CONSEJO DE FAMILIA

 

¿Quién en la miseria y el amor concilia?

Esto más que un problema es un misterio.

Para hablar de un asunto que es tan serio,

hubo ayer un consejo de familia.

 

Hizo de presidente del concejo

un hombrecito al que la edad agobia,

y que además del chiste de ser viejo,

es, nada menos, padre de mi novia.

 

A su lado, y en cómoda poltrona,

con franco y natural desembarazo,

esta una señora setentona

con un perro faldero en el regazo.

 

Y en derredor, con rostros muy severos,

prontos a discutir y meter baza,

estaban cual prudentes consejeros

seis a siete visitas de la casa.

 

Y entre todos, causando maravilla,

de gracia y juventud, rico tesoro,

como un ángel, sentada en una silla

estaba la mujer a quien adoro.

 

Con que, vamos a ver, dijo indiscreta

la madre, por anciana impertinente,

¿es verdad que eres novia de un poeta?

¿Sueñas con los laureles de su frente?

 

-Puesto que lo sabéis, dijo la niña,

no lo puedo negar: le quiero mucho.

-Mereces, dijo el padre, que te riña.

Y la anciana exclamó: -‘¡Cielos! ¡qué escucho!

 

¡Blasfemia intolerable que me irrita!

-¡Habráse visto niña descarada!

Dijo en tono burlón una visita

pegándose en la frente una palmada.

 

-Los versos nada más son oropeles.

Dijo la anciana en tono reposado,

y apuesto que no sirven sus laureles

ni para sazonar el estofado.

 

¡Un novio soñador y sin dinero!

Hija, esto sí que nadie lo perdona;

ya que tiene corona y no sombrero,

fuera mejor usara su corona.

 

-Los hombres, dijo el padre, son perversos

pero más los poetas de hoy en día.

Quizá te piense alimentar con versos,

y eso vas a comer ¡pobre hija mía!

 

-O, quizá sabe, agregó con triste acento

una visita, al parecer piadosa,

si se irán a poblar el firmamento

o a vivir en el cáliz de una rosa.

 

-Puede ser, interrumpe otra persona,

que intente levantar, llegado el caso,

a orillas de la fuente de Helicona,

un palacio en las faldas de Parnaso.

 

El regalo de boda, amigo mío,

tendrá joyas riquísimas y bellas

junto a un collar de perlas del rocío,

el manto azul del cielo y sus estrellas.

 

Envidia te tendrán los serafines,

pues tendrás, deleitando tu hermosura,

una alfombra de nardos y jazmines

y un ruiseñor que cante en la espesura.

 

El marido feliz te dará un beso

diciendo: ¡tengo un ángel por esposa!

¿Y a la hora de comer? ¡quién piensa en eso!

¡para el poeta la comida es prosa!

 

Un coro de estridentes carcajadas

satíricas, terribles, infernales,

convirtió las mejillas en granadas

al ángel de mis sueños celestiales.

 

-¿Conque piensas seguir esos amores,

tú, la más infeliz de las mujeres,

piensas con el aroma de las flores

vivir entre la dicha y los placeres?

 

¿A qué alta sociedad, hija querida

te llevará ese amor del cual abusas?

¡Ha de ser muy monótona la vida,

sin tener más vistas que las musas!

 

Otra risa estalló ¡bendita risa!

Entonces ella abandonó su asiento,

y con grave ademán y muy de prisa

salió, sin vacilar, del aposento.

 

Lamáronla mil veces, poero ella,

espléndida, graciosa, soberana,

como asoma en los cielos una estrella

el rostro fue a asomar a la ventana.

 

-¡Ven, me dijo, mitad del alma mías.

Dicen que amarte es prueba de torpeza,

que por pobre te olvidé ¡qué ironía!

Que te deje por pobre -¡qué tristeza!

 

Como no te comprender, ya por eso

destruir mis amores se concilia.

Yo siempre seré tuya: dame un beso;

¡se ha lucido el consejo de familia!


Juan de Dios Peza

29 de junio de 1852

Ciudad de México

miércoles, 26 de junio de 2024

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

 


SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

 

Yo pronuncio tu nombre

en las noches oscuras

cuando vienen los astros

a beber en la luna

y duermen los ramajes

de las frondas ocultas.

Y yo me siento hueco

de pasión y de música.

Loco reloj que canta

muertas horas antiguas.

 

Yo pronuncio tu nombre

en esta noche oscura,

y tu nombre me suena

más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas

y más doliente que la mansa lluvia.

 

¿Te querré como entonces

alguna vez? ¿Qué culpa

tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma,

¿Qué otra pasión me espera?

¿Será tranquila y pura?

¡¡Si mis dedos pudieran

deshojar la luna!!

 

Federico García Lorca

 

martes, 25 de junio de 2024

PRESENTACIÓN "NOMBRE DE MUJER" EN LA CASA DE LEÓN DE MADRID


 Presentación "Nombre de Mujer" en la Casa de León de Madrid el 7 de junio de 2024.





Primera parte 



Segunda parte

INFANCIA Y MUERTE

 


INFANCIA Y MUERTE

 

Para hacer mi infancia, ¡Dios mío!,

comí naranjas podridas, papeles viejos, palomares vacíos,

y encontré mi cuerpecito comido por las ratas

en el fondo del aljibe con las cabelleras de los locos.

Mi traje de marinero

no estaba empapado con el aceite de las ballenas,

pero tenía la eternidad vulnerable de las fotografías.

Ahogado, sí, bien ahogado, duerme, hijito mío, duerme,

niño vencido en el colegio y en el vals de la rosa herida,

asombrado con el alba oscura del vello sobre los muslos,

asombrado con su propio hombre que masticaba tabaco en su costado siniestro.

Oigo un río seco lleno de latas de conserva

donde cantan las alcantarillas y arrojan las camisas llenas de sangre.

Un río de gatos podridos que fingen corolas y anémonas

para engañar a la luna y que se apoye dulcemente en ellos.

Aquí solo con mi ahogado.

Aquí solo con la brisa de musgos fríos y tapaderas de hojalata.

Aquí, solo, veo que ya me han cerrado la puerta.

Me han cerrado la puerta y hay un grupo de muertos

que juega al tiro al blanco y otro grupo de muertos

que busca por la cocina las cáscaras de melón

y un solitario, azul, inexplicable muerto

que me busca por las escaleras, que mete las manos en el aljibe

mientras los astros llenan de ceniza las cerraduras de las catedrales

y las gentes se quedan de pronto con todos los trajes pequeños.

 

Para buscar mi infancia, ¡Dios mío!,

comí limones estrujados, establos, periódicos marchitos,

pero mi infancia era una rata que huía por un jardín oscurísimo,

una rata satisfecha, mojada por el agua simple,

una rata para el asalto de los grandes almacenes

y que llevaba un anda de oro entre sus dientes diminutos.

 

Federico García Lorca

Cuadro de Murillo

 

viernes, 21 de junio de 2024

MUERTO DE AMOR

 

MUERTO DE AMOR

A Margarita Manso

 

¿Qué es aquello que reluce

por los altos corredores?

Cierra la puerta, hijo mío,

acaban de dar las once.

En mis ojos, sin querer,

relumbran cuatro faroles.

Será que la gente aquella,

estará fregando el cobre.

 

*

 

Ajo de agónica plata

la luna menguante, pone

cabelleras amarillas

a las amarillas torres.

La noche llama temblando

al cristal de los balcones

perseguida por los mil

perros que no la conocen,

y un olor de vino y ámbar

viene de los corredores.

 

*

 

Brisas de caña mojada

y rumor de viejas voces,

resonaban por el arco

roto de la media noche.

Bueyes y rosas dormían.

Sólo por los corredores

las cuatro luces clamaban

con el furor de San  Jorge.

Tristes mujeres del valle

bajaban su sangre de hombre,

tranquila de flor cortada

y amarga de muslo joven.

Viejas mujeres del río

lloraban al pie del monte,

un minuto intransitable

de cabelleras y nombres.

Fachadas de cal, ponían

cuadrada y blanca la noche.

Serafines y gitanos

tocaban acordeones.

Madre, cuando yo me muera

que se enteren los señores.

Pon telegramas azules

que vayan del Sur al Norte.

 

Siete gritos, siete sangres,

siete adormideras dobles,

quebraron opacas lunas

en los oscuros salones.

Lleno de manos cortadas

y coronitas de flores,

el mar de los juramentos

resonaba, no sé dónde.

Y el cielo daba portazos

al brusco rumor del bosque,

mientras clamaban las luces

en los altos corredores.

 

Federico García Lorca

 

jueves, 20 de junio de 2024

ELEGÍA

 

 


ELEGÍA

Diciembre 1918

GRANADA

 

Como un incensario lleno d deseos,

pasas en la tarde luminosa y clara

con la carne oscura de nardo marchito

y el sexo potente sobre tu mirada.

 

Llevas en la boca tu melancolía

de pureza muerta, y en a dionisíaca

copa de tu vientre la araña que teje

el velo infecundo  que cubre la entraña

nunca florecida con las vivas rosas,

frutos de los besos.

 

                                   En tus manos blancas

llevas la madeja de tus ilusiones,

muertas para siempre, y sobre tu alma

la pasión hambrienta de besos de fuego

y tu amor de madre que sueña lejanas

visiones de cunas en ambientes quietos,

hilando en los labios lo azul de la nana.

 

Como Ceres dieras tus espigas de oro

si el amor dormido tu cuero tocara,

y como la Virgen María pudieras

brotar de tus senos otra Vía Láctea.

 

Te marchitarás como la magnolia.

Nadie besará tus muslos de brasa.

Ni a tu cabellera llegarán los dedos

que la pulsen como

                                   las cuerdas de un arpa.

 

¡Oh mujer potente de ébano y de nardo!,

cuyo aliento tiene blancor de biznagas.

Venus del mantón de Manila que sabe

del vino de Málaga y de la guitarra.

 

¡Oh cisne moreno!, cuyo lago tiene

lotos de saetas, olas de naranjas

y espumas de rojos claveles que aroman

los nidos marchitos que hay bajo sus alas.

 

Nadie te fecunda. Mártir andaluza,

tus besos debieron ser bajo una parra

plenos del silencio que tiene la noche

y del ritmo turbio del agua estancada.

 

Pero tus ojeras se van agrandando

y tu pelo negro va siendo de plata;

tus senos resbalan escanciando aromas

y empieza a curvarse tu espléndida espalda.

 

¡Oh mujer esbelta, maternal y ardiente!

Virgen dolorosa que tiene clavadas

todas las estrellas del cielo profundo

en su corazón, ya sin esperanza.

 

Eres el espejo de una Andalucía

que sufre pasiones gigantes y calla,

pasiones mecidas por los abanicos

y por las mantillas sobre las gargantas

que tienen temblores de sangre, de nieve

y arañazos rojos hechos por miradas.

 

Te vas por la niebla del Otoño, virgen

como Inés, Cecilia, y la dulce Clara,

siendo una bacante que hubiera danzado

de pámpanos verdes y vid coronada.

 

La tristeza inmensa que flota en tus ojos

nos dice tu vida rota y fracasada,

la monotonía de tu ambiente pobre

viendo pasar gente desde tu ventana,

oyendo la lluvia sobre la amargura

que tiene la vieja calle provinciana,

mientras que a lo lejos suenan los clamores

turbios y confusos de unas campanadas.

 

Mas en vano escuchaste los acentos del aire,

nunca llegó a tu oído la dulce serenata.

Detrás de tus cristales aún miras anhelante.

¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma

al sentir en el pecho ya cansado y exhausto

la pasión de una niña recién enamorada!

 

Tu cuerpo irá a la tumba

intacto de emociones.

Sobre la oscura tierra

brotará una alborada.

De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos

y de tus senos rosas como la nieve blancas.

Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas

como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas.

 

Federico García Lorca

miércoles, 19 de junio de 2024

HAY ALMAS QUE TIENEN...

 


HAY ALMAS QUE TIENEN…

 

Hay almas que tienen

azules luceros,

mañanas marchitas

entre hojas del tiempo,

y castos rincones

que guardan un vejo

tumor de nostalgias

y sueños.

 

Otras almas tienen

dolientes espectros

de pasiones. Frutas

con gusanos. Ecos

de una voz quemada

que viene de lejos

como una corriente

de sombra. Recuerdos

vacíos de llanto,

y migajas de besos.

 

Mi alma está madura

hace mucho tiempo,

y se desmorona

turbia de misterio,

piedras juveniles

roídas de ensueño

caen sobre las aguas

de mis pensamientos.

Cada piedra dice:

¡Dios está muy lejos!

 

Federico García Lorca

Cuadro: "Hay almas que tienen" de Miguel Oscar Menassa

lunes, 17 de junio de 2024

NORMA Y PARAÍSO DE LOS NEGROS

 


NORMA Y PARAÍSO DE LOS NEGROS

 

Odian la sombra del pájaro

sobre pleamar de la blanca mejilla

y el conflicto de luz y viento

en el salón de la nieve fría.

 

Odian la flecha sin cuerpo,

el pañuelo exacto de la despedida,

la aguja que mantiene presión y rosa

en el gramíneo rubor de la sonrisa.

 

Aman el azul desierto,

los vacilantes expresiones bovinas,

la mentirosa luna de los polos,

la danza cura del agua en la orilla.

 

Con la ciencia del tronco y el rastro

llenan de nervios luminosos la arcilla

y patinan lúbricos por aguas y arenas

gustando la amarga frescura de su milenaria saliva.

 

Es por el azul crujiente,

azul sin un gusano ni una huella dormida,

donde los huevos de avestruz quedan eternos

y deambulan intactas las lluvias bailarinas.

 

Es por el azul sin historia,

azul de una noche sin temor de día,

azul donde el desnudo del viento va quebrando

los camellos sonámbulos de las nubes vacías.

 

Es allí donde sueñan los torsos bajo la gula de la hierba.

Allí los corales empapan la desesperación de la tinta,

los durmientes borran sus perfiles bajo la madeja de los caracoles

y queda el hueco de la danza ¡sobre las últimas cenizas!

 

Federico García Lorca

Cuadro de Jacob Lawrence