viernes, 30 de mayo de 2025

Y ESCRIBIR TU SILENCIO SOBRE EL AGUA

 


Y ESCRIBIR TU SILENCIO SOBRE EL AGUA 

Sólo florece el agua que está queda

Miguel de Unamuno

 

No sé si es sombra en el cristal, si es sólo

calor que empaña un  brillo; nadie sabe

si es de vuelo este pájaro o de llanto;

nadie le oprime con su mano, nunca

le he sentido latir, y está cayendo

como sombra de lluvia, dentro y dulce,

del bosque de la sangre, hasta dejarla

casi acuñada y vestal, tranquila.

No sé, siempre es así, tu voz me llega

como el aire de Marzo en un espejo,

como el paso que mueve una cortina

detrás de la mirada; ya me siento

oscuro y casi andado; no sé cómo

voy a llegar, buscándote, hasta el centro

de nuestro corazón, y allí decirte,

madre, que yo he de hacer en tanto viva,

que no te quedes huérfana de hijo,

que no te quedes sola allá en tu cielo,

que no te falte yo como me faltas.

 

Luis Rosaless

31 de mayo de 1910

Granada

jueves, 29 de mayo de 2025

ADIÓS

 

ADIÓS

 

Esta es la tierra, donde el sufrimiento

es la medida de los hombres. Dan

pena los condes con su fiel faisán

y los cobardes con su fiel lamento.

 

La belleza no sirve de tormento

y la injusticia nos concede el pan.

Un día brindaréis por los que habrán

convertido el dolor en fundamento.

 

Los que vivimos para dar alcance

a tan inmensa luz que hoy no podría

un dios mirarla sin quedarse ciego,

 

aún tendremos que agotar el lance:

arrojar al silencio la agonía

como quien tira el corazón al fuego.

 

Antonio Gamoneda

30 de mayo de 1931

Oviedo

 

miércoles, 28 de mayo de 2025

LA TARDE ENTRA DE PRONTO EN LA COCINA

 

LA TARDE ENTRA DE PRONTO EN LA COCINA

 

La tarde entra de pronto en la cocina,

enloquece en el cobre, hace gloriosa

la herrumbre de las madres. Como un lienzo

se imparte en las estancias. Cruza, dora

el rostro del varón. Da en las tarimas,

atraviesa el laurel, tiembla en sus hojas.

 

Ahora volverán por los caminos

las mulas canas y las yuntas rojas…

y, cansados, los hombres, sus cabellos

con tamo de trigal.

                               Cunden las sombras

al borde del tapial. Lenguas de acero

se sumergen en aguas silenciosas.

 

Antonio Gamoneda

30 de mayo de 1931

Oviedo

 

martes, 27 de mayo de 2025

AGONÍA FUERA DEL MURO

 


AGONÍA FUERA DEL MURO

 

Miro las herramientas,

el mundo que los hombres hacen, donde se afanan,

sudan, paren, cohabitan.

 

El cuerpo de los hombres prensado por los días,

su noche de ronquido y de zarpazo

y las encrucijadas en que se reconocen.

 

Hay ceguera y el hambre los alumbra

y la necesidad, más dura que metales.

 

Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra

que todavía la especia no produce?)

los hombre roban, mienten,

como animal de presa olfatean, devoran

y disputan a otro la carroña.

 

Y cuando bailan, cuando se deslizan

o cuando burlan una ley o cuando

se envilecen, sonríen,

entornan levemente los párpados, contemplan

el vacío que se abre en sus entrañas

y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.

 

Yo soy de alguna orilla, de otra parte,

soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,

gente a quien compartir es imposible.

 

No te acerques a mi, hombre que haces el mundo,

déjame, no es preciso que me mates.

Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren

de algo peor que vergüenza.  

Yo muero de mirarte y no entender.

 

Rosario Castellanos

25 de mayo de 1925

Ciudad de México – Méjico

 

ESTA TIERRA QUE PISO

ESTA TIERRA QUE PISO

 

Esta tierra que piso

es la sábana de mis muertos.

Aquí, aquí vivieron y, como yo, decían_

Mi corazón no es mi corazón,

es la casa del fuego.

Y lanzaban su sangre como un potro vehemente

a que mordiera el viento

y alrededor de un árbol danzaban y bebían

canciones como un vino poderoso y eterno.

 

Ahora estoy yo aquí. Que nadie me salude

como a un recién llegado. Si camino así, torpe,

es porque voy palpando y voy reconociendo.

No llevo entre las manos más que una breve brasa

y un día para arder.

¡Alegría! ¡Bailemos!

Quiero jurarlo aquí, amigos: otra vez

como la primavera

volveremos.

 

Rosario Castellanos

25 de mayo de 1925

Ciudad de México – Méjico


martes, 20 de mayo de 2025

Y TÚ QUE TANTO AMAS, TANTO RÍES...



Y TÚ QUE TANTO AMAS, TANTO RÍES…

 

Y tú que tanto amas, tanto ríes,

tanto adivinas y conoces tanto,

¿dónde el escudo para que te fíes,

dónde el pañuelo de enjugar tu llanto?

 

¿Dónde el camino que no veo ahora?

Dímelo o llora y el mirar suprime.

¿Es ya la noche que no tiene aurora?

Dímelo, dime.

 

Y sin embargo tu vivir empaña

mi vivir con un vaho que es ternura,

que es caliente rumor que me acompaña

la noche oscura.

 

Y sin embargo con tu mano guías

y a tientas toco lo que apenas veo

y digo acaso para que sonrías

lo que no creo.

 

Y toco apenas y tu bulto aprendo

y torpe sigo lo que tú me indicas.

Lo que no miro, lo que no comprendo,

tú multiplicas.

 

Tú multiplicas, o quizás es tu invento

porque lo vea aunque quizá no exista.

Entre la noche de mi pensamiento

dulce es tu vista.

 

Dulce es tu vista, tu mirar risueño

que mira un llano donde estaba un monte

y que a mi alma de temblor pequeño

llamó horizonte.

 

Dulce es tu vista que miró aquel lago

y lo llamaba alegre mar bravío.

Tu generoso corazón es mago

¡Lo fuese el mío!

 

Carlos Bousoño

9 de mayo de 1923

Boal (Asturias)


lunes, 19 de mayo de 2025

HACIENDO TRAZOS

 

HACIENDO TRAZOS

 

A veces me entretengo haciendo trazos

sobre el papel. Las rayas

como flechas se cruzan en el aire

blanco de la cuartilla. Ráfagas

son, borrando ahora caminos

que decididamente roturaban.

 

Y me enmimismo tras el laberinto

de líneas que me arrastran

y voy perdiendo pie, voy sumergiéndome

en su terrible nada,

en su desconcertante paradigma

de desorientación o vida o racha

de destino. Me pierdo. Soy un ciego

sobre el papel, que es mi papel, mi carta

de navegar sin rumbo, mi retrato,

mi desesperación, mi historia hallada

y perdida de nuevo y para siempre

porque no soy sino una inútil raya

que viene y va, dibuja jeroglíficos

de dolor y amargura y esperanza

y abre precipitantes galerías

hacia el vacío y tuerce rápidamente.

Cae al abismo de una pena

tan absolutamente innecesaria

como las remontadas alegrías

que sin porque de vez en vez escala.

 

No soy más que este absurdo, este dibujo

sin razón y sin causa.

Jamás completaré un solo rectángulo,

nunca estará la curva bien cerrada.

Mi vida entera es este lapicero

corriendo a un lado y otro, soy la marca

de un grafito tedioso, me revela

este ininteligible cardiograma.

No tengo rostro, ni figura, nadie

me reconoce, ni mi nombre habla

por mí. soy solamente el zigzagueo

enrevesado, inútil, de unas rayas

que una mano cruelmente ovillea

en una triste página.

 

Leopoldo de Luis

11 de mayo de 1917

Córdoba

EL AMOR A LAS COSAS

 


EL AMOR A LAS COSAS

 

Llevo dentro del alma un amor a las cosas,

que es la esencia suprema de mi amor a la vida,

mientras haya jazmines y pomas olorosas

¡qué importa que la dicha para mí esté perdida!

 

¿No hay ojos que me miren? Me miran las estrellas,

que no hay ojos humanos brillando así de amor,

y envuelta en el nocturno de irradiaciones bellas

gozo las luminosas miradas del Señor.

 

Y aunque en vano he soñado una pasión ardiente,

amorosas palabras yo tendré al escuchar

el murmurio del río, el canto de la fuente

o el verso imponderable que me recita el mar

 

me dará la montaña su base firme y fuerte;

por ella sin desmayo ascenderé a la luz,

y los pinos amigos, fieles hasta la muerte,

me aguardarán constantes con los brazos en cruz.

 

Llevo dentro del alma este amor a las cosas,

que es la esencia suprema de mi amor a la vida,

y por él son fecundas raíces dolorosas

en la aridez estéril de mi ilusión perdida.

 

Josefina RomoArregui

27 de mayo de 1909

Madrid

domingo, 18 de mayo de 2025

TE AMO, SÍ ¿PERDÓNAME MI AMOR!...

 


TE AMO, SÍ ¡PERDÓNAME MI AMOR!...

 

Te amo, sí ¡Perdóname mi amor!

Pajarito que yerras tu camino, como tú, estoy cazada.

Cuando mi corazón se estremeció de dicha,

perdió su velo y se quedó desnudo.

Cúbrelo tú de piedad, ¡y perdóname mi amor!

 

Si no puedes amarme, ¡perdóname mi pena!

¡Pero no me mires así, desde tan lejos!

Me arrastraré callada a mi rincón

y me sentaré en la sombra, tapando con mis dos manos

la vergüenza desnuda. No me mires, no me mires,

¡y perdóname mi pena!

 

Si me amas, ¡perdóname mi alegría!

No te rías


Cuando mi corazón se estremeció de dicha,
perdió su velo y se quedó desnudo.
Cúbrelo tú de piedad, ¡y perdóname mi amor!

Si no puedes amarme, ¡perdóname mi pena!
¡Pero no me mires así, desde tan lejos!
Me arrastraré callada  a mi rincón 
y m sentaré en la sombra, tapando con mis dos manos
la vergüenza desnuda. No me mires , no me mires,
¡y perdóname mi pena!

Si me amas, ¡perdóname mi alegría!
No te rías de mi descuido porque ves que mi corazón
se me va en este mar de ventura.
Cuando me siente yo en mi trono,
y reine sobre ti, tirana de mi amor;
cuando, como una diosa, yo te conceda mis favores,
sé tú indulgente con mi orgullo,
¡y perdóname mi alegría!

 

Rabindranath Tagore

7 de mayo de 1861

Calcuta – India

LA MUCHACHA DEL BALCÓN

 

LA MUCHACHA DEL BALCÓN

 

La tarde bajaba por esa calle junto al puerto

con paso lento, balanceándose, llena de olor,

las viejas casas palidecen en tardes como ésta,

nunca es mayor su harapienta melancolía

ni andan más tristes de paredes,

en las profundas escaleras brillan fosforescencias como de mar,

ojos muertos tal vez que miran a la tarde como si recordaran,

eran las seis, una dulzura detenía a los desconocidos,

una dulzura como de labios de la tarde, carnal,

                                                               carnal,

los rostros se ponen suaves en tardes como ésta,

arden con una especie de niñez

contra la oscuridad, el vaho de los dancings.

 

Esa dulzura era como si cada uno recordara a una mujer

sus muslos abrazados, la cabeza en su vientre,

el silencio de los desconocidos

era un oleaje en medio de la calle

con rodillas y rostros de ternura chocando

contra el “New Inn”, las puertas, los umbrales de color abandono.

 

Hasta que la muchacha asomó al balcón

de pie sobre la tarde íntima como su cuarto con la cama deshecha

antes donde todos creyeron haberla amado alguna vez

antes de que viniera el olvido.

 

Juan Gelman

2 de mayo de 1930

Buenos Aires – Argenina