miércoles, 30 de marzo de 2022

OTRA GUERRA

 


OTRA GUERRA

 

Como aves de acero, las palabras del opresor

sobrevuelan el cielo, encenizan el azul del sueño, 

lanzan mensajes de escisión al abrazo de un niño

y en un silbido derrumban la solidez de las piedras.

Así, la mudez en tus labios enturbia la angostura de mi aliento,

sin desconocer el fondo del destierro.

 

Como orcas endemoniadas

surcan el mar contaminando mareas,

las especies huyen de la quema,

el trasiego y el canto deja paso al grito desencajado,

otros océanos ocultan la estirpe,

el fondo se hace cada vez más inverosímil

y la amenaza abre la herida de la aflicción.

 

La tierra gime la huida de los pasos que la habitan,

olvida su verdor y yace sin el producto del pan,

la simiente cae como la lágrima sobre una extensa tez,

resbalando el último beso

deglutiendo el pavor a un mañana,

emergiendo del lecho al proferir la acritud en tu mirar. 

 

Se veía venir la explosión de las palabras,

como las llamas en la puerta aledaña,

el grito ensordecido sólo era una fútil osadía,

el ojo apunta desde su atalaya,

tambores lejanos parecen derruir exclamaciones,

el niño declama su linaje y la madre adorna su canto,

lienzos ondean la penumbra, ensalzan señuelos de dolor

dejando la desnudez de las almas a la cordura del estertor.

 

Así en la senda de otras vidas,

vestidas con la plática de la confusión

deambulan entre colinas de holocausto,

percibiendo sus días como el final de un hálito

cada vez que cruzan el zaguán de su puerta,

mientras la ceguera de la muchedumbre

acota en fugaces nimiedades soslayando el pulso del destino.

 

Gloria Gómez Candanedo

domingo, 2 de enero de 2022

AÑO NUEVO



 

AÑO NUEVO

 

 Se abre una página nueva,

una página en blanco,

la de la piedad y la dulzura

ante las visiones a través del cristal.

Se abre una página vacía de recodos

invitando a cincelar los besos de la tarde,

a decorar las márgenes con los colores de la primavera,

llevando las mejores galas

jaspeando la frente sin arrugas.

 

Una nueva ilusión ciñe el viejo lecho,

arrincona las tráqueas fulminadas por el humo,

soporta el gris de los tejados

distendiendo el color del encanto por venir.

 

Una brisa clandestina ondea en la superficie

aún sin escribir,

una gota de lluvia simula la lágrima de la emoción,

ante el recuerdo de otros comienzos,

abriendo sueños por conquistar,

puliendo la mano que va a trazar

la historia antes del atardecer,

la explosión supina tras la colina,

y la huída nocturna de amantes taciturnos.

 

Un nuevo aroma se instala en la almohada

al abrir los ojos al amanecer,

mientras los cuerpos desnudos

acicalan el semblante de la esperanza

ensartada en la densidad de los labios

recorriendo la piel tersa

trazando el futuro en el azar

abriendo puertas a nuevas lunas

iluminando la noche al vagabundo perdido,

y señalando la ruta al transeúnte huido del hambre.

 

Los pasos volverán a dejar la huella

en las páginas que se abren,

borrando el repliego de reproches bajo la luna.

Los besos querrán fundir el aplomo del estiércol.

Las manos, limpias de furor,

querrán condimentar la mesa.

 

Y dejaremos deslizar sobre nuestra piel

la tersura de los días ahogando el frío invierno,

mientras los caudales de los ríos

vuelven a desplegar cada noche

el espejo de la pasión.

 

Gloria Gómez 

Del libro: "Caminante"

miércoles, 21 de julio de 2021

AQUÍ, UNA TARDE

 


AQUÍ UNA TARDE

 

Aquí, una tarde cualquiera, en un invierno cualquiera

arrollando las palabras sobre un frenesí

ahuyentando en sombras.

Aquí, a una hora cualquiera, 

no encuentro los versos que acoplan

en tu entraña tanto fulgor atropellado en la cuna.

 

Una vez más las lágrimas cristalizan la tez

de unos augurios templados en deseos

de salvar lo imposible.

Aquello que está al otro lado de un espejo,

no se puede manejar, ni colorear.

 

Una vez más el despecho tendido en la almohada

se viste de gala entre los cuerpos desasidos

y surge entre jirones de silencio una lengua voraz

degollando los mástiles de franqueza.

 

Aquí, una tarde cualquiera devanando los hilos

enlazando cualquier caricia escapándose

a nuestros besos.

Y así poner en tus alas el vuelo enloquecido

ante la desnudez de las olas rompiendo una y otra vez

la escollera de la absurda formalidad.

 

Una vez más, aquí, en esta tarde

devoramos entre besos  el anverso

de inexcusables veleidades.

 

Gloria Gómez Candanedo

Del libro "Caminante"

sábado, 17 de julio de 2021

CONOZCO LA AUSENCIA DE TU CUERPO

 


CONOZCO LA AUSENCIA DE TU CUERPO

 

Aquí, la estela del beso rodeando

mi cuerpo moldeado tras las caricias

cuando la luz crepuscular apaga el sollozo,

temiendo la ausencia de una palabra

al alejar tu orografía de mis senos.

Aquí el sonido  de tu voz perdura en mi oído

versificando  noches de satén

al despedir la simiente del destino sobre la tierra

que te lleva a confines de otros parajes

en la decadencia de los días.

 

Aunque vulvas con la sonrisa del estupor,

no siempre me regocija la inesperada aventura,

aunque pintas de color las desidias de la noche,

no siempre regreso a tu orilla.

 

Mas la ausencia de tu cuerpo, trae la palabra ignota

al regreso de tu voz sellando mi silueta,

cada vez en distintas encrucijadas,

y distintas estaciones, arropando mansedumbres,

y arrancando las horas a desabridos andurriales.

 

Y ahí no quiero retener tu vuelo,

ahí escribo, canto, lloro y hago versos.

Tu cuerpo se viste de sedas transparentes

al expandir la cadencia del sigilo.

Mi cuerpo espera la melodía nocturna

a la indulgencia oblicua en la densidad de tus labios.

 

Gloria Gómez Candanedo

Del libro "Caminante"

martes, 13 de julio de 2021

BUSCANDO SU NOMBRE

 


BUSCANDO SU NOMBRE

 

Como la flor de invierno en un mar de hielo

cincelaba sus pasos sin romper quimeras.

Como la luciérnaga perdida en la noche

iba siguiendo la huella de la voz candente

queriendo calmar la sed.

 

Como un señuelo en del candor

que propicia la luz de la luna

se perdía entre bosques de lujurias

apartando la espina desbocada

de cada una de las letras de su nombre.

Buscaba las sílabas del amor entre las desdichas

creyendo burlar fallidos lances

aproximando unos labios.

 

Buscaba sin cesar,

la palabra que hiciera rebrotar la savia de la vida.

Recorría diferentes continentes tras la estela subrayada

que dejaban las palabras de un verso.

 

Nada podía separarle de la tierra labrada,

y nada podría hacerle olvidar

el  nombre que trazó líneas de esperanza,

llevándole a la vieja ciudad.

Allí supuso abrazos entre calle vacías

y apocó su vida en el lugar de encuentros clandestinos.

Dos espejos la esperaban en la penumbra

y ninguno conocía las sílabas de su nombre.

 

Seguía buscando el valor de la pasión en cada paso,

sin darse cuenta que ese nombre

aparecía cada vez que esbozaba una sonrisa,

o cuando el recuerdo de un acorde le tocaba la piel.

 

Buscando su ensueño abandonó su propio paraíso.

Pero ya no podía regresar.

Atrás quedaron las letras de la inocencia,

en el epitafio del olvido.

 

Gloria Gómez

Del libro “Caminante”

 

martes, 6 de julio de 2021

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "CAMINANTE" - GLORIA GÓMEZ - EN NOTTING HILL CULTURAL DE ALCALÁ DE HENARES.


 Presentación del libro "Caminante" en la sede de la AEM en Notting Hill Cultural de Alcalá de Henares, el 2 de julio de 2021, como poeta invitada en los viernes poéticos de Notting Hill. 

jueves, 10 de junio de 2021

AHORA MISMO NO SÉ

 

AHORA MISMO NO SÉ  

 

Desconozco y tiemblo al ver un horizonte con el brillo del metal

al sentir la frialdad entre las sábanas cubriendo el futuro,

al simular la belleza tras el interruptor

encendiendo el mecanismo,

el encontrar solo electrodos en lugar de palabras,

el no palpitar ante otro cuerpo ardiente en el momento crucial,

el encontrar un parpadeo mecanizado

en lugar de la chispa en el mirar.

Tiemblo al abrir la puerta

y encontrar el brillo impoluto,

el asado con exactitud,

el abrazo milimetrado,

y la luz verificada sin parpadeo

en lugar de una huella al candor de la llegada,

un plato clandestino a deshora,

la estrechez entre tu cuerpo y el mío

o el sol radiando la alcoba entre sombras.

Deploro el futuro en tinieblas al caminar con un desconocido,

la fría amalgama enredando mis sueños,

se me eriza la piel

al pensar un beso confundiendo labios,

tomar la mano extrañando la rugosidad ferviente

o caminar a la par del mecanizado vecino.

Desisto invitar a ese género en mi casa,

que robe mi intimidad en la noche,

y se lleve las caricias tras la huella helada,

que asemeje la lágrima de una despedida

y escuche una voz digitalizada en mi oído,

sopese los encuentros en la incertidumbre

sin conocer la llegada de un abrazo.

Tiemblo al pensar tu rostro bajo una máscara sincronizada,

tus dedos tocando la sien con terminaciones polarizadas,

tu cuerpo contoneándose al ritmo de los iones para la ocasión.

Veo al tecno en el avance de una brutal encrucijada entre lo real,

lo superfluo, lo clandestino y lo controvertido,

el día a día,

instruyendo nuestros pasos y nuestras vidas,

veo la lejanía de una voz agitada

al pronunciar la emoción,

los extremos articulados

en vez de las manos que elaboran el pan,

o recorren mi cuerpo en la calidez de la tarde,

observo la expresión inexpresiva en la tez

azuzando entuertos,

provocando llanto o simulando sonrisas.

Veo implantar la comodidad del amanecer

en el manejo de una computadora,

sustituir el compañero por la articulación autómata

sin equívoco en cualquier controversia,

asomar a la ventana

y ver seres caminando ensimismados

en el pulso de la clavija

que dirige el siguiente instante.

Advierto una juventud

perdiendo el encuentro de una flor

entre las páginas de un libro

por el tecleo de un paraíso inexistente

bajo el reflecto polarizado entre sus dedos

al caminar por la alameda

sin percibir el aroma de una piel apasionada

y los sueños dibujados en un verso

conmutados por lo intempestivo

de una conexión con lo incorpóreo.

Ahora mismo no conozco la sintonía

que adereza mi quietud,

desconozco los sentidos

que impulsan a escribir este verso,

mas siento el bosquejo cómo se atraganta en la madrugada

al pronunciar el deseo y perderse en lo etéreo

dejando un rastro en la estrechez del pecho.

Ahora mismo desconozco el final de este poema,

no sé si algún androide

estará manejando el teclado

mientras el sueño hace su entrada en mí

cuando los dedos acarician la última letra

y el párpado advierte el caer de la noche sobre mi espalda.

Desconozco lo impreciso al otro lado del espejo

y la posible ingratitud

al dar la vuelta a la hoja del calendario.

Ahora mismo estas líneas azoran

el desasosiego de una interrogación.

 

Gloria Gómez

domingo, 6 de junio de 2021

AZUL ENTRE LA SOMBRA DE LOS BOSQUES

 


AZUL ENTRE LA SOMBRA DE LOS BOSQUES

 

No pude ver cómo te apartaban de mí

cuando en el zaguán

deposité la llave del adiós,

tras de ti se iba el encanto de una época,

el nudo en el pecho retenía una lágrima

condensando el paso de varios lustros

floreciendo en cada amanecer.

 

Tras de ti se iban las sonrisas

atravesando paisajes a la velocidad de un lucero,

los primeros balbuceos

al comienzo de una etapa sobre ruedas

mirando la horizontal,

en tu regazo se acomodaron los abrazos

al son de acordes de todos los tiempos,

juntos atravesamos fronteras entre norte y sur,

esbozando encuentros en distinta dimensión.

Juntos aprendimos el juego de letras

mientras me conducías

a la ventura nuevos amores,

tarareamos coplas al son de vuelos

y compartimos duelos

en distancias cortas y ufanas.

 

En tu regazo medró la juventud

que a mi paso brotaba entre bosques,

luces y sombras,

sobrepasándome en valor y osadía,

probando los primeros pasos,

devaneos, esbozos

y los sueños alcanzando libertad. 

 

No pude advertir cómo parecías recobrar

la agilidad de otro tiempo,

como queriendo seguir a la espera

del próximo recorrido

al son de nuestra música

y nuestras confidencias,  

abrazando destinos y enseres,

rubricando cartas de amor,

trazando rutas a las estrellas en lo convexo del alma,

acercando la piel de la distancia

en pequeños recorridos,

como en los viejos tiempos.

 

No pude contemplar la senda que dejabas

caminando hacia tu retiro,

llevándote una parte mí,

una lágrima contenida

a punto de echar a correr hacia ti

al ver de frente el instante

en que parecías conocer tu destino

como una pequeña alevosía.

 

En ti quedan mis plegarias y alegrías,

la prisa por llegar

y la calma de la vuelta a casa

buscando un lugar de calma para la noche,

en mí aparece el vértigo,

cada vez que vuelvo a pasar

por la misma senda

y el sol me trae a la memoria

un tiempo entre la sombra de los bosques.

 

Gloria Gómez

Cuadro: Claude Monet

 

domingo, 16 de mayo de 2021

POEMA, MADRE

 


POEMA, MADRE

 

 

Cuando aparece el requiebro

y la noche cae a plomo sobre la mirada,

siento la necesidad del arrumaco pertinente,

dibujo el rostro y la palabra precisa,

asomo al cielo buscando la estrella con tu nombre

y me visto con la vehemencia de un proferir

señalando el punto a seguir

como si fuera el último pétalo

cayendo en el rastro diseminado

con el arrojo envuelto en la seda de tus yemas.

 

Cuando una voz sobresale de mis venas

clamando amparo,

el sentir desnudo,

el frío erizando la piel,

retomo el verso que acompasa la tarde

insinuando tu luz, tu fuerza y tu aliento

cada vez que el tiempo de ternura lo requiere.

 

Las horas envueltas en naipes de la fortuna

recobran atuendos subyugados al recuerdo

a veces lejano y otras caminando

entre los gestos de la mañana

y los movimientos enlazados a rumbos nocturnos

aludiendo el último señuelo.

 

Los días siguen sin olvidar el olor a pan recién hecho,

sin sopesar lo ardiente de una sublime caricia

cuando el retorno al origen envuelve mi silueta.

La necesidad de un halago

asoma a la impronta niñez

en la flaqueza de algún entuerto

tambaleando el ritmo de mis pasos,

invocando aquella fuerza emanada

de la dulzura y firmeza de una justa palabra

como el arraigo para sobrellevar lo difícil

de un derrumbe al abismo.  

 

Cuando el gesto cristalino me rodea

recordando la desfachatez imberbe,

y el tiempo va hollando en el esplendor anhelado,

la símil melancolía ensordece nuevamente la memoria

recobrando la calma de un regazo,

extendiendo el brazo

a circundar la armonía dilucidada

con la tenacidad aprendida

en una sílaba de consuelo,

abrazando a la vez otros cuerpos,

otros rostros y contoneos

mostrando la cadencia recibida

en el intervalo de los días.

 

A veces añoro la fortaleza

con que implorabas al destino una luz suficiente

para emprender la osadía sustraída,

a veces al decaer en la fragua del azar,

aludo en ese verso

rescatando la quietud para mis venas,

y la placidez del saber venerado.

 

Gloria Gómez

Cuadro: Pierre Renoir

jueves, 13 de mayo de 2021

EL PRINCIPIO

 Poema dedicado al medio ambiente, la naturaleza...



EL PRINCIPIO

 

 

El silbo del árbol apacigua la noche,

con el cimbreo engatusa las tórridas tardes de julio,

apunta vértices a lo etéreo,

sobrevuela los tejados,

se entrelaza con las ramas vecinas abriendo caminos,

aportando el frescor a las almas.

 

Mas una mañana le visita el acero

y de un sesgo se cae con todo el peso de una era,

ya no sombrea el prado,

ya no acompaña el silbido en la noche,

la luz y el fuego se enardecen en la sien

el pájaro ya no aposenta el nido

y el agua rescinde su caudal.

 

Así, el amor se desgarra

cuando acude la crueldad de la indeferencia

extendiéndose en la almohada

rompiendo la mesura, entre aquellos

que como el acero quebrantan la paz.

O aquellos que con los tambores

golpean sones de contienda

extendiendo el odio entre la muchedumbre,

alejando padres de hijos,

atravesando los límites de la cordura,

así el paisaje se ennegrece carbonizando el aire que respiramos.

 

No dejemos de alzar el canto

en pos de la belleza y la caricia al entorno,

el juego del agua entre la piel y la tierra

y las manos moldeando surcos

fluyendo el agua de los frutos.

Sin desistir en la lucha,

abanderando la dignidad ante el ocaso y lo adverso,

manteniendo la fluidez en la osadía del tiempo,

el color vuelve a enriquecer la campiña tras la ventana.

 

Igual que la primavera exalta nuestra savia

despertando otro amanecer pletórico,

ensalzando nuevos encuentros,

incitando a la lucha por el pan;

el silbido del viento susurrando distintas melodías,

el árbol, los arroyos, el gorjeo de las aves,

desean la pureza en la tierra.

 

Gloria Gómez

Abril 2021