domingo, 12 de enero de 2025

EL AMA



EL AMA

 

Erudita en lejías, doctora en la compota,

y loro en los esdrújulos latines de la misa,

tal ágil viste un santo, que zurce una camisa,

en medio de una impávida circunspección devota…

 

Por cuanto el señor cura es más que un hombre, flota

en el naufragio unánime su continencia lisa…

y un tanto regañona, es a l a vez sumisa,

con los cincuenta inviernos largos de su derrota.

 

Hada del gallinero. Genio de la despensa.

Ella en el paraíso fía la recompensa…

Cuando alegran sus vinos, el vicario la engríe

 

ajustándole en chanza las pomposas casullas…

y en sus manos canónicas, golondrinas y grullas

comulgan los recortes de las hostias que fríe.

 

Julio Herrera y Reissig

9 de enero 1875

Montevideo – Uruguay

 

martes, 31 de diciembre de 2024

LOS CUARENTA

 


LOS CUARENTA

 

Recuerdo a mi madre despotricando

contra el pie de foto de un periódico en Managua:

“Anciana de 43 años, muere atropellada por un camión”.

No les bastaba con que hubiera sufrido la muerte

--decía—

encima la insultaban tachándola –tan joven—de anciana.

 

Mi madre, por ese tiempo, tendría la misma edad.

Y decía no sentirse vieja.

Yo la miraba con un poco de sospecha.

A los veinte, los cuarenta suenan remotos

y ciertamente a óxido y decrepitud:

¡cuánto engaño pueden encerrar los números!

 

Cuando me veo forzada a decir mi edad,

soy la primera que duda

que el número de años me corresponda.

 

Después de juventudes de angustia,

sé quién soy, lo que quiero

y el precio que estoy dispuesta a pagar por conseguirlo.

 

Me pregunto si, obligadas a temer el medio de la vida,

pasemos por alto el momento de equilibrio de la balanza:

el instante mágico

en que los astros de la vida se alinean

y, equidistantes el pasado y el futuro,

nos tornamos leves, aladas

prestas para danzar

tan solo por el inefable placer de movernos

y saber que cada movimiento nos pertenece.

 

Se me ocurre que hay que correr la voz:

¡Mujeres cuarentonas, uníos!

Vámonos de nuevo al bosque

y a la luz de la luna

bailemos otra vez las danzas paganas

de las antiguas

y sabias

brujas.

 

Gioconda Belli

Cuadro de Berthe Morisot

 

 

CUANDO YO VINE A ESTE MUNDO

 

CUANDO YO VINE A ESTE MUNDO

 

Cuando yo vine a este mundo,

nadie me estaba esperando;

así mi dolor profundo,

se me alivia caminando,

pues cuando vine a este mundo,

te digo,

nadie me estaba esperando.

 

Miro a los hombres nacer,

miro a los hombres pasar;

hay que andar,

hay que mirar para vez,

hay que andar.

 

Otros lloran, yo me río,

porque la risa es salud:

lanza de mi poderío,

coraza de mi virtud.

Otros lloran, yo me río,

porque la risa es salud.

 

Camino sobre mis pies,

sin muletas ni bastón,

y mi voz entera es

la voz entera del sol.

Camino sobre mis pies,

sin muletas ni bastón.

 

Con el alma en carne viva,  

abajo, sueño y trabajo;

ya estará el de abajo arriba,

cuando el de arriba esté abajo.

Con el alma en carne viva,

abajo, sueño y trabajo.

 

Hay gentes que no me quieren,

porque muy humilde soy;

ya verán cómo se mueren,

y hasta a su entierro voy,

con eso y que no me quieren

porque muy humilde soy.

 

Miro a los hombres nacer,

miro a los hombres pasar;

Hay que andar,

hay que vivir para ver,

hay que andar.

 

Cuando yo vine a este mundo,

te digo,

nadie me estaba esperando:

así mi dolor profundo,

te digo,

se me alivia caminando,

te digo,

pues cuando vine a este mundo,

te digo,

pues cuando vine a este mundo,

te digo,¡nadie me estaba esperando!

 

Nicolás Guillén

lunes, 30 de diciembre de 2024

TAN LEJANO EL AMOR

 


TAN LEJANO EL AMOR

 

Tan lejano el amor

como si una parte de mí hubiese

escogido el silencio

y se acurrucara en él

con os ojos cerrados.

 

Oigo halagos, promesas, incitaciones

como si fuesen dirigidos a otra mujer.

La que soy se guarda

atrincherada en torre de marfil.

Como la pastora Marcela:

Fuego soy apartado y espada puesta lejos.

 

¿De qué  heridas convalece mi corazón que yo no sepa:

huidizo, retrechero, un molusco sumido en concha nácar

que se esconde del mar, harto del agua?

 

Floto sobre la vida donde otrora me sumergiera

descreída quizás, de regreso de las ilusiones

o simplemente sabia al fin,

conocedora de los límites de todo

sin tristeza pero sí rabia y dolor

ante la creciente acechanza de la muerte.

 

¿Por qué si avanzo al inexorable fin

no me da por retar las estrictas prohibiciones

y pescar sin descanso en el río de la vida

de camino hacia el mar?

 

¿Por qué opto más bien por este recogimiento de eremita

y con el capuchón, las sandalias, la lámpara de aceite

vago los días y las noches

como vestal enamorada nada más

del resplandor que brilla en las palabras

los anaqueles llenos de libros en mi casa

la lista inagotable de títulos

para la que nunca hay, ni habrá

tiempo suficiente?

 

De lejos me pasa el amor.

El cuerpo a mi lado o los que se acercan peligrosamente

han perdido la fascinación de antaño.

Son las horas solas de la madrugada las queme consuelan ahora

las que me abrazan

las que nada me demandan

las que me aceptan.

 

Ese es el tiempo en el que estoy.

Este es el tiempo que quiero.

 

Y sin embargo

aquí escribo

mi desconcierto.

 

Gioconda Belli

Cuadro de Edward Hopper

 

domingo, 29 de diciembre de 2024

NOMBRE Y OLVIDO

 


NOMBRE Y OLVIDO

 

Lo que nadie recuerda, ¿ha muerto? Acaso vive

recogido en sí mismo la vida más perfecta.

Fuera del tiempo lo llevó el olvido.

Ayer, hoy ni mañana huellan su ser y eterno

vive en fiel estación de melancolía.

 

Un hombre, a veces, como rama de olivo

en el pico cruel del pájaro del tiempo

sobre las quietas aguas es llevado.

Un sólo testimonia al huir de los labios

que la rosa y el hombre vivieron otros días.

 

Luego el nombre se olvida y la tierra recoge

la tierra, el aire vuelve al seno del espacio;

la fuente vierte, pura, su concha en el Océano

y la palabra como perla silenciosa

se duerme para siempre en el fondo del mal.

 

Amaneceres, mediodías, tardes,

noches, amaneceres, mediodías,

la ronda plateada

la rueda inexorable, la distancia,

ayer y hoy confunden sin sentido.

 

Lo futuro es un ocio. El corazón tan torpe

en lo que aún no existe se desborda y espera,

pero lo que ha vivido es lo único que vive.

Recogido en sí mismo se besa en su solsticio.

 

Ricardo Molina

28 de diciembre de 1916

Puente Genil (Córdoba)

PALABRAS



PALABRAS

Homenaje a Walt Whitman

 

El día, este día,

es nuestro.

 

Mira los animales, las aves y las plantas

vivir el suyo satisfechos.

Míralos, no calculan, no sufren, no se inquietan

por el mañana. Viven sin cuidado.

O malgastan su tiempo pensando en el futuro.

Están conformes… míralos.

 

Los ríos no calculan.

Corren impetuosos

cantando su canción entre juncos y adelfas

mientras en la alta cumbre el sol derrite

la nieve inmaculada.

No malgastan abril, no ensombrecen su tiempo,

pasan, cantan, suspiran, se visten de verdor.

 

Se abandonan al tiempo.

Basta el día al afán de las criaturas.

Así lo sienten aves, animales y plantas

y todas las criaturas viven su plenitud

sin dudas, sin reservas, sin cálculos; se entregan,

se aman, son dichosos.

 

Ricardo Molina

28 de diciembre de 1916

Puente Genil (Córdoba) 

viernes, 27 de diciembre de 2024

MUJER EN AVANZADO ESTADO DE JUVENTUD

 


MUJER EN AVANZADO ESTADO DE JUVENTUD

 

A mis sesenta y varios años

soy una mujer en avanzado estado de juventud.

Aun en los días en que el cansancio me entristece las ancas

y la espalda acusa el pesado fuello de los pulmones

la mujer que piensa dentro de mí

recién habrá cumplido los cuarenta.

El reflejo repentino en el cruel escaparate

las fotos inoportunas,

el asombro discreto del que de mí conserva

la imagen de un antiguo y fugaz encuentro

los atribuyo sin recato al pasajero mal día,

el desvelo

o el maquillaje desleído.

 

Cuánto más fácil me resultaría esta fe

sin el nuevo aire de respeto de la recepcionista del hotel

la dificultad de los chicos para el tuteo al que los invito

o la cada vez más frecuente sensación de ser invisible

–el resto de los mortales

mirando a través de mí, como si lentamente me hubiese

despojado

de masa, sustancia,

peor aún: ¡de importancia!--.

 

Para colmo, empiezan a inquietarme los amigos:

El guapo al que se le inclina la vencida nariz

las mejillas agotadas de aquella

el canoso, el panzón, la de innumerables pliegues

o los que me saludan y apenada no reconozco.

 

Y sin embargo en el aliento de sus miradas

el vapor del tiempo se deshace.

Furiosamente apegados a la vida

retozamos en la avanzada juventud

como si la muerte no existiera.

 

Gioconda Belli

Cuadro: "Retrato de Gerda" de Kirchner

 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

ÁRBOLES HOMBRES


ÁRBOLES HOMBRES

 

Ayer tarde,

volvía yo con las nubes

que entraban bajo rosales

(grande ternura redonda)

entre los troncos constantes.

 

La soledad era eterna

y el silencio inacabable.

Me detuve como un árbol

y oí hablar a los árboles.

 

El pájaro solo huía

de tan secreto paraje,

sólo yo podía estar

entre las rosas finales.

 

Yo no quería volver

en mí, por miedo de darles

disgusto de árbol distinto

a los árboles iguales.

 

Los árboles se olvidaron,

de mi forma de hombre errante,

y, con mi forma olvidada,

oía hablar a los árboles.

 

Me retardé hasta la estrella.

En un vuelo de luz suave,

fui saliéndome a la orilla,

con la luna ya en el aire.

 

Cuando yo ya me salía,

ví a los árboles mirarme.

Se daban cuenta de todo

y me apenaba dejarles.

 

Y yo los oía hablar,

entre el nublado de nácares,

con el blando rumor, de mí.

Y ¿cómo desengañarles?

 

¿Cómo decirles que no,

que ya era sólo el pasante,

que no me hablaran a mí?

No quería traicionarles.

 

Y ya muy tarde, ayer tarde,

oí hablarme a los árboles.

 

Juan Ramón Jiménez

23 de diciembre de 1881

Moguer (Huelva)

 



sábado, 21 de diciembre de 2024

FRENTE A FRENTE

 

FRENTE A FRENTE

 

Oigo el crujir de tu traje,

turba tu paso el silencio,

pasas mis hombros rozando

y yo a tu lado me siento.

Eres la misma: tu talle,

como las palmas, esbelto,

negros y ardientes los ojos,

blondo y rizado el cabello;

blando acaricia mi rostro

como un suspiro tu aliento;

me hablas como antes me hablabas,

yo te respondo muy quedo,

y algunas veces tus manos

entre mis manos estrecho.

 

¡Nada ha cambiado: tus ojos

siempre me miran serenos,

como a un hermano me buscas,

como a una hermana te encuentro!

¡Nada ha cambiado: la luna

deslizando su reflejo

a través de las cortinas

de los balcones abiertos;

allí el piano en que tocas,

allí el velador chinesco

y allí tu sombra, mi vida,

en el cristal del espejo.

 

Todo lo mismo: me miro,

pero al mirarte no tiemblo,

cuando me miras no sueño.

Todo lo mismo, peor algo

dentro de mi alma se ha muerto.

¿Por qué no sufro como antes?

¿Por qué, mi bien, no te quiero?

 

Estoy muy triste; si vieras,

desde que ya no te quiero

siempre que escucho campanas

digo que tocan a muerto.

Tú no me amabas pero algo

daba esperanza a mi pecho,

y cuando yo me dormía

tú me besabas durmiendo.

 

Ya no te miro como antes,

ya por las noches no sueño,

ni tese sonden vaporosas

las cortinas de mi lecho.

Antes de noche venías

destrenzando tu cabello,

blanca tu bata flotante,

tiernos tus ojos de cielo;

lámpara opaca en la mano,

negro collar en el cuello,

dulce sonrisa en los labios

y un azahar en el pecho.

 

Hoy no me agito si ge hablo

ni te contemplo si duermo,

ya no se esconde tu imagen

en las cortinas del techo.

 

Ayer vi a un niño en la cuna;

estaba el niño durmiendo,

sus manecitas muy blancas,

muy rizado su cabello.

No sé por qué, pero al verle

vino otra vez tu recuerdo,

y al pensar que no me amaste,

sollozando le di un beso.

 

Luego, por no despertarle,

me alejé quedo, muy quedo.

¡Qué triste que estaba el alma!

¡Qué triste que estaba el cielo!

Volví a mi casa llorando,

me arrojé luego en el lecho.

Todo estaba solitario,

todo muy negro, muy negro,

como una tumba mi alcoba,

la tarde tenue muriendo

mi corazón con el frío.

 

Busqué la flor que me diste

una mañana en tu huerto

y con mis manos convulsas

la apreté contra mi pecho;

miré luego en torno mío

y la sombra me dio miedo…

Perdóname, si, perdona,

¡no te quiero, no te quiero!

 

Manuel Gutiérrez Nájera

22 de diciembre de 1859

Ciudad de México  – México

 

jueves, 19 de diciembre de 2024

A UN TRISTE

 


A UN TRISTE

 

¿Por qué de amor la barca voladora

con ágil mano detener no quieres

y esquivo menosprecias los placeres

de Venus; la impasible vencedora?

 

A no volver los años juveniles

huyen como saetas disparadas

por mano de invisible Sagitario;

triste vejez, como ladrón nocturno,

sorpréndenos sin guarda ni defensa,

y con la extremidad de su arma inmensa,

la copa del placer vuelva Saturno.

 

¡Aprovecha el minuto y el instante!

Hoy te ofrece rendida la hermosura

de sus hechizos el gentil tesoro,

y llamándote ufana en la espesura,

suelta Pomona sus cabellos de oro.

 

En la popa del barco empavesado

que navega veloz rumbo a Citeres,

de los amigos el clamor te nombra,

mientras, tendidas en la egipcia alfombra,

sus crótalos agitan las mujeres.

 

¡Deja, por fin, la solitaria playa,

y coronado de fragantes flores,

descansa en la barquilla de las diosas!

¿Qué importa lo fugaz de los amores?

¡También expiran jóvenes las rosas!

 

Manuel Gutiérrez Nájera

22 de diciembre de 1859

Ciudad de México  – México